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Lunes , 25.06.2018 / 03:47 Hoy

Entre pares

'El Bronco' y la IP… ¿cogobierno paralelo?

Guillermo Colín

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Qué tan independiente es el independiente de NL frente a los poderes fácticos? Y ¿por qué se muestran tan ansiosos de imponerse? Ya tienen puntas de lanza en el equipo de transición y en Elizondo un regente cogobernador como cabeza de playa de intereses empresariales. ¿Qué significa entonces ese ejercicio inédito —cuyo contenido se ha ocultado—, por el cual un poderoso segmento de la IP regiomontana sentó al gobernador electo Jaime Rodríguez y su equipo, a escuchar su evangelio corporativo por más de nueve horas?

Delinearon un mapa de ruta por donde demandan transcurra su gestión hasta con horizontes transexenales (moda de temporada que por cierto también busca el oportunista titular de una dependencia de la UANL —de muy bajo perfil— desde una seudo izquierda acomodaticia que busca filtrarse de nuevo a la ubre estatal, como antes lo hizo como aviador en varios sexenios hasta que Fernando Canales lo despidió).

Poco ha trascendido del cónclave privado salvo que El Bronco salió encantado, comprando "por lo menos el 80 por ciento" del proyecto, según dijo sin más trámite. ¿Será que picudo como es, en un tris vio hecha toda la chamba de su sexenio? Elizondo recomponiendo las finanzas, la IP resolviéndole la gobernanza (pero no de gratis), y él de gira dedicado a futurismos que ya arrancaron hacia el 2018 como "México Libre y Bronco" (aunque hoy desmienta lo que ayer auspició bajo su propio nombre).

A reserva de analizar lo que por ahora se esconde, si El Bronco traga la propuesta de la IP regia sin deliberación pública, debe saber que esas estrategias pueden ir contrarias a los intereses de los electores que votaron por él: ciudadanización del poder, rendimiento de cuentas, atención a la educación pública, democratización de la gestión gubernamental con revocación de mandato, revivir al campo, desarrollo social y consulta popular. Ejes que no necesariamente son profesados por la IP, más bien lo contrario.

Estos ejes de la narrativa política rodrigueciana parecen opuestos al individualismo que es piedra de toque en la IP, al pensamiento elitista empresarial, y a la separación entre política, cultura y economía en la noción de que todo es interés privado, todo se vende, y el mercado es el espacio adecuado para resolver las necesidades comunes.

Según lo que para algunos es catecismo regio desde Eugenio Garza Sada, para los regiomontanos las iniciativas de sus grandes empresarios son todas bondadosas y desinteresadas, aunque a la postre se descubran sus apetitos verdaderos, sus tracalerías o sus depredaciones ecológicas (sea FEMSA con el macro manantial de La Pastora, presunta razón de ser de las hectáreas gratuitas que ahí obtuvo, adicionales a las que ocupa el nuevo estadio; o sea Protexa en Santa Catarina con sus tiraderos al aire libre de desperdicios tóxicos). Al cabo los latrocinios se condonan desde el poder civil y una ideologización en la población los vuelve orgullos propios.

Así los intereses de las actuales elites dominantes poco o nada tienen que ver con experiencias democráticas y arrancan (según Lucio Oliver) desde "una concepción política-ideológica ligada a un mundo global, desnacionalizado, de clases dirigentes empresariales que a partir de 1982 impulsaron la sustitución del programa nacionalista desarrollista de la Constitución de 1917. Hoy defienden un capitalismo transnacionalizado, subordinado al extranjero". El compromiso social es nulo más allá de la envoltura retórica en que envuelven sus planes.

De la forma como frente a esas pretensiones se diriman los intereses colectivos que Jaime Rodríguez defienda, las políticas que aplique, y las energías democratizadoras que encauce, encontrará las correspondencias o los divorcios entre su proyecto y el de los empresarios. Pero para resistirlos o lidiar con ellos antes necesita discernirlos. A juzgar por sus declaraciones de bote pronto ("adoptaremos casi todo el plan de la IP"), sólo parece haber entre él y la IP regia: coincidencia, sinonimia y redundancia. Ni margen se deja a sí mismo para gobernar independiente.

Implantar como gobierno esa broncomanía que despertó el civismo dormido de multitudes regias supone, más allá del mitológico uso de Facebook, contar con el empaque y la estatura necesarios, y evitar entretenerse como gobernador chiquito, tuiteando insulsas consultas públicas ("¿A qué creé usted que se deban las inundaciones del área metropolitana?"), o autocomplacerse con extravagancias ecuestres: "Entraré a caballo a mi toma de posesión". Afuera vienen los tiburones y están listos.


gcolin@mail.com

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