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Miércoles , 17.10.2018 / 01:39 Hoy

Entre pares

2017-09-07

Guillermo Colín

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Corren días de la también llamada mentira emotiva. Que algo aparente ser verdad es más importante que la propia verdad. Miles de anuncios y spots de EPN ofrecen prueba irrefutable: posar eleva lo virtual por encima de la realidad que se contradice a sí misma. Sociologismo extremo de la manipulación política desde la que se apela a lo subjetivo más que a los hechos, donde todo ya no es según el cristal con que se mire, sino acorde a las creencias que invoque. Y en el relativismo al que desembocan, marea el caleidoscopio de visiones manipuladas.

Muestras al azar: López Obrador sale a concitar apoyos extranjeros para su candidatura. Concede entrevistas moderadas del tipo “te lo digo a ti, mi Wall Street Journal, pero entiéndelo tú, mi Moody´s”, agencia que acaba de refrendarle dizque es un peligro para México: “A propósito de la reforma energética –dice AMLO- nosotros auditaremos los contratos y nos aseguraremos que no haya corrupción o contratos desventajosos donde México sea desprovisto de su ingreso”.

Modestísimas pretensiones. En rigor, atribuciones de trámite de la Secretaría de la Función Pública. Pero ni ellas pasan por el tamiz de sus feroces críticos. “AMLO debería aclarar qué entiende por corrupción o por contratos desventajosos”, le exigen rabiosos desde atalayas comentocráticas. ¿Acaso hay otros significados a lo que se entiende por corrupción o contratos desventajosos?

Entre sofismas que lo presentan como un Maduro reloaded, se esconde en cambio la verdadera traición a la patria en curso: los supuestos descubrimientos de hidrocarburos en aguas someras no fueron “descubiertos” por los nuevos dueños del petróleo. Les dijeron dónde había. Pemex ya lo sabía desde mucho antes de que desmembraran a la paraestatal. Pero de ello nadie habla como tampoco del negociazo preparado para ceder a las refinerías gringas el crudo que luego regresan a México como gasolina. El país ya depende de ella en un 70%.

En cambio, EPN rinde su Quinto Informe de Gobierno vacunándose en salud ante el fundado temor popular de que acabe de entregar al país a los yanquis en la supuesta “modernización” del TLC: “No aceptaremos nada que vaya contra el interés nacional”, frasea entre aplausos lo que en voz de AMLO tildarían de “mesianismo”. Recibir a Trump-candidato como jefe de Estado en Los Pinos ¿sí fue a favor del interés nacional? Y ¿qué decir de este “fundamentalismo” sin par?: “La disyuntiva es seguir construyendo o elegir un modelo fracasado”. Un vistazo al éxito “construido” en los últimos 35 años: corrupción rampante, tasas decrecientes de crecimiento, depreciación de la moneda, índices de pobreza maquillados, pérdida de soberanía energética y alimentaria, privatizaciones estratégicas. México perdió su petróleo, sus ferrocarriles, extranjerizó a los bancos, dilapida su oro y pierde la rectoría del Estado en un sinnúmero de áreas.

¡Ah, la posverdad! La que hace de Trump un estratega (a criterio de Videgaray), cuando para muchos en realidad es un “psicópata maníaco” como le llama Paul Auster. El estadunidense tuitea abandonar el TLC con renovada mala leche, y el Gobierno mexicano empieza a hablar de un pretendido plan “B”. Pero no se abren nuevos mercados sobrenoche y menos de la magnitud del comercio con EU. Hay muy poca industria propia y el país se hizo una inmensa maquiladora. EPN, sumiso, no quiere usar en la negociación las únicas cartas fuertes de México: el control de la inmigración y el combate al narco.

Solo un columnista atento entrevió en caso de ruptura –y por eso Ildefonso Guajardo alertó a los senadores a estar listos– que en esa coyuntura el único Plan B consiste en “ofrecer garantía inmediata de las inversiones estadunidenses con las modificaciones legales que hagan falta”. De escalofrío imaginar las “garantías” para evitar una fuga de capitales, sobre un supuestamente inocuo “nos paramos y nos vamos”. El país tal vez lo supere a la larga. Pero de inicio vería fuerte depreciación del peso y nubes negras. Ochenta por ciento de las exportaciones va a EU y representan el 37% del PIB. Y ante esa realidad no hay posverdad que la oculte.

gcolin@mail.com

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