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Martes , 13.11.2018 / 11:26 Hoy

Cruzando el Charco

Terrorismo “lowcost”

Guillem Martí

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Recientemente tuve la suerte de poder visitar mi querida Barcelona. Andando por la Avenida Diagonal me crucé con una pareja de unos veinte años. Durante un fugaz instante pude captar unas palabras de su conversación.

En un tono despreocupado, como si de la última colección de moda de verano hablara, el chico explicó: “No, ahora eso de secuestrar aviones ya no se usa. Ahora se lleva el terrorismo lowcost”. Me abrumó la apatía de su voz y el cinismo de su contenido.

Pero de pronto recordé la lección del célebre Sir Humphrey: “Un cínico es un realista visto por un idealista”. Así que dejé de lado mi idealismo y analicé fríamente aquellas palabras. Eran tan crueles como veraces.

El concepto “terrorismo” se empezó a utilizar en la Revolución Francesa. Al mando del Comité de Salvación Pública, el gobierno Jacobino instauró un régimen que se conoció como El Terror. Su principal ideólogo fue Robespierre, quien lo justificó afirmando: “El Terror no es más que la justicia rápida, severa e inflexible”.

La naturaleza de los grupos terroristas y sus métodos ha mutado notablemente desde entonces. A principio del siglo pasado aparecieron organizaciones que actuaban en su propio país, que estaban bien vertebradas y tenían una motivación eminentemente política, como la IRA en Irlanda, la ETA en España, la Fracción del Ejército Rojo en Alemania Occidental o las Brigadas Rojas en Italia. Sus actuaciones acostumbraban a ser secuestros y asesinatos selectivos con armas de fuego y pequeños explosivos como coches bomba.

Los mismos métodos usaban los grupos terroristas de ultra-derecha amparados por el Estado para combatirlos.En una segunda etapa, las organizaciones terroristas empezaron a atentar de forma indiscriminada contra la ciudadanía utilizando grandes cargas explosivas.

Aun así, estas actuaciones rara vez llegaban a las 20 víctimas mortales. Los asesinatos indiscriminados de personas ajenas a la lucha política marcaron el declive de este tipo de organizaciones terroristas.Pero otro tipo de terrorismo ya estaba cogiendo el relevo. Durante las Olimpiadas de Múnich en 1972, un comando de Septiembre Negro asesinó a balazos 11 atletas israelitas y 1 policía.

Fue uno de los primeros atentados perpetrados en Occidente por un grupo del Oriente Medio.No obstante, estas organizaciones financiadas por países de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) acostumbraban a ser menos sangrientas y a concentrarse en el secuestro de aviones comerciales.

Éstos eran forzados a aterrizar en aeropuertos de países neutrales y se liberaba a los rehenes a cambio de políticas favorables a Palestina, como la liberación de presos. Pero también es cierto que en algunos casos su crueldad llegaba a límites nunca antes imaginados.

En 1988 hicieron explotar un avión que viajaba entre Londres y Nueva York matando los 259 pasajeros y otras 11 personas en tierra.En 1987 comenzó la Primera Intifada. Durante esta guerra entre palestinos e israelís tomaron fuerza organizaciones como Al-Fatah, Hamas o Hezbolá. Con su apoyo se perpetraron distintos atentados contra intereses de Israel en suelo extranjero.

Uno de los más sangrientos tuvo lugar en Buenos Aires en 1994, causando 86 muertos.En los años ‘90 apareció un nuevo tipo de terrorismo que conmocionó el mundo, el terrorismo suicida.

Que alguien pudiera colocarse un cinturón lleno de explosivos y hacerse estallar en un lugar público cambiaba por completo la forma de los grupos terroristas. Ya no necesitaban soldados bien entrenados sino que les bastaba con alguien, que podía llegar a ser un niño, que transportara el cinturón a un punto concurrido y lo detonara.

Por el momento, el terrorismo se concentraba en algunos países del sur y este del Mediterráneo. Pero la verdadera amenaza estaba creciendo lejos de los ojos de Occidente.

La Primera Guerra del Golfo y el intento de invasión de Afganistán por parte de la URSS terminaron en 1991 y 1992 respectivamente. Entre los dos conflictos, Oriente Medio quedó absolutamente desestabilizado.

En ambas guerras los Estados Unidos armaron y financiaron distintas organizaciones. Aprovechando el caos reinante en la región tras la partida de los soviéticos y los estadounidenses, dichas organizaciones se fortalecieron.

Una de ellas eran los Talibanes. Y su líder era Osama Bin Laden, el mayor terrorista que había conocido el mundo.Los atentados del 11 de septiembre del 2001 causaron 3.016 muertes, incluyendo la de los 19 terroristas.

Secuestrar aviones para derrumbar rascacielos era algo absolutamente novedoso. La imagen de las Torres Gemelas desplomándose fue el detonante para internacionalizar un conflicto que por el momento se limitaba al Oriente Medio.

Aquella situación había nacido del caos y la miseria en las que Afganistán e Iraq se sumieron después de sus respectivas guerras. Lejos de entenderlo, Estados Unidos agravó la situación arrasando de nuevo estos dos países y promoviendo las revoluciones de la Primavera Árabe en otras naciones que le eran hostiles.

Ello contribuyó a la aparición de un nuevo tipo de terrorismo todavía peor que el de Al-Qaeda.ISIS difunde su yihad a través de las redes e invita a ciudadanos de todo el mundo a causar el máximo número de muertes posible usando cualquier medio a su disposición. No existe estructura militar, no se requiere financiamiento para las operaciones, no se necesitan soldados adiestrados. Se trata de un terrorismo “lowcost” y “selfmade”.

La semana pasada el papa Francisco declaró: “La primera palabra que nos viene a la cabeza es inseguridad, pero la verdadera palabra es guerra”. El pontífice apuntó que esta guerra está motivada por intereses, por dinero, por recursos naturales y por el dominio de los pueblos.

Pero aclaró que no es una guerra de religiones.Continuar destruyendo Oriente Medio y asesinando desde el aire a su población, no nos brindará mayor seguridad. Quizás sea momento de promover el desarrollo y la cultura necesarios para que sus gentes aprendan a valorar la vida humana.



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