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Jueves , 20.09.2018 / 15:49 Hoy

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El líder de Texas

Guadalupe Romero

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Será el sereno pero eso de que el líder del país más poderoso del mundo se dedique a mantener, ante todos los escenarios posibles, su promesa de campaña para levantar un muro entre México y Estados Unidos, a costa del erario mexicano, mientras uno de los estados más grandes y productivos de la unión americana se hunde en sus propias aguas, es inexplicable y la muestra más evidente y egoísta del poder por el poder.

Es un hecho que, aunque como en toda tragedia humana son bienvenidos los apoyos solidarios de otras naciones, los texanos tras el paso del fenómeno climatológico Harvey se levantarán cual sociedad de primer mundo en tiempo récord. Sin embargo, nada inspirador debe ser que el líder de la nación olvide su tragedia y continúe tras sus objetivos individuales.

Sumemos a lo anterior la autoría de los que levantarán cada uno de los ladrillos, vigas y varillas que reconstruirán el estado texano. Si, lo sabemos, los miles de extranjeros (documentados o indocumentados) que están ahí por decisión propia y necesidades varias. Ellos, tras los que está el mandatario estadunidense, a los que llama malos hombres, a los que acusa de narcotraficantes, violadores y delincuentes por pasarse un semáforo en alto, serán los que una vez más edifiquen sus característicos free ways y hermosas casas texanas, además de su industria agrícola y petrolera. De eso no cabe la menor duda.

Luego de esta tragedia, la más grande de origen natural (a lo que también se le dedica un discurso escéptico y de desprecio tachando al evidente cambio climático como irreal y lejano), vivida por los estadunidenses, el pensamiento lógico debería encaminarse hacia una revaloración de la aportación de los inmigrantes a ese país.

Sopesar los más de 1.3 billones de dólares (billones de verdad) anuales que aporta la comunidad hispana a ese país, solo contando lo que producen, sin tomar en cuenta lo que consumen y aportan con sus impuestos a las arcas que mantienen la administración estadunidense con todo y sus extravagancias.

Lindos los tacones de la señora, dijo mi vecina al ver por televisión a la primera dama estadunidense cuando abordaba el avión presidencial para tomarse la foto con los damnificados por el paso del huracán destructor.

Mientras nosotros esperamos los avances de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), que a través de más de 25 mesas de trabajo y a puerta cerrada (lejos de los reflectores de los medios, bueno eso dicen), nos mantienen en suspenso e imaginando si realmente serán tan feroces discutiendo lo que más conviene a cada uno de los tres países.

Hoy domingo se lleva a cabo el tercer día de pláticas, de cinco (concluyen este martes 5 de septiembre) de la segunda fase de renegociación, y al parecer no sabremos de grandes avances. Queda esperar la tercera ronda que en 15 días se realizará en Canadá.

Sigamos esperando que el comercio nunca se detiene, aunque los líderes no se pongan de acuerdo, los pueblos tienen que sobrevivir.

Más impuestos, aranceles, cupos, prohibiciones, fayuca, zonas francas, tráfico legal e ilegal, competencia, todo gira en torno al comercio, el camino se encuentra pese a las necedades.

@lupitaromero

guadalupe.romero@milenio.com

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