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Cajas de seguridad, solo en el cine

Guadalupe Romero

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Entre el banco mágico de Gringotts (de las historias de Harry Potter), los Arcarius del Imperio Romano, el antiguo negocio de los bancos y la firma First National Security en Cancún, Quintana Roo, una historia de tesoros, madera, hierro, secretos, delitos y evolución humana se entreteje.

Común, y casi normal, es pensar o imaginar cuando de cajas de seguridad se habla, en una bóveda de banco a cuyo interior solo puede ingresar aquel que cumpla con todos los requisitos impuestos por el guardián de los tesoros y vanidades más insólitos. Especialmente si a ello nos remiten innumerables obras literarias y las películas más típicas producidas en Hollywood.

Y es que, aunque esos anales nos remiten a las primeras cajas de seguridad de madera en la cultura egipcia y luego a sus primeros guardias, los Arcarius, en el Imperio Romano cuando fueron fortificadas con agregados de hierro, lo cierto es que los bancos fueron los primeros en ver en estos atesoramientos un negocio.

La nota en este caso es que el sistema bancario de México, y desde hace más tiempo a escala mundial, dejaron de considerar el servicio como algo rentable. Directivos de los siete principales bancos del país me confirmaron que las cajas de seguridad dejaron de existir hace algunos años por muchos motivos, principalmente porque ante la digitalización pocas cosas legales y realmente de valor pueden ponerse a resguardo.

Tenerlas, me explicó uno de ellos, es muy complicado y no deja ganancias a la institución. En primera instancia deben dar cuenta y circunscribirse a la legislación de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), que entre sus principales objetivos está el combate al lavado de dinero y la seguridad de los valores de los clientes. Y la norma ya es muy estricta para el manejo de cantidades volumétricas de dinero, mismo que dio origen por mercaderes y comerciantes a la existencia de cajas de seguridad.

A lo que otro de los banqueros agrega que ya es incosteable, pues para resguardar una serie de cajas (cuya renta iba de 800 a mil 500 pesos mensuales) se requiere de infraestructura y personal que ya no cubre lo obtenido por las rentas de los espacios. Tarjetas de identidad, identificadores biométricos, escoltas de acompañamiento y resguardo, salas blindadas y antincendios, entre otros.

La infraestructura es todo, menos sencilla por supuesto. La tecnología de bóvedas se desarrolló a la par de la carrera armamentista y, eso sí, de los grandes célebres ladrones de bancos. Se dice que éstas, en donde existen (hoteles, palacios, escondites, bancos y sedes de gobierno, entro otros) pueden estar armadas con un sinfín e inimaginables alarmas. Incluso, se habla de algunas que han sido indestructibles y datan del siglo antepasado.

Lo cierto es que se trata de un negocio que ya no interesa al sistema bancario y por ello la CNBV en México ha dejado de responder por él. La oferta de cajas de seguridad carece de regulación, a las únicas normas que responden son a las mercantiles por tratarse de solo un espacio en renta. Y de cada firma que las ofrece dependen las garantías que contrata con el cliente.

La mitad de las ultrajadas cajas de seguridad de Cancún aún no son reclamadas, así que por algo será.

@lupitaromero

guadalupe.romero@milenio.com

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