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Columna de Gonzalo Oliveros

Valencia y su pequeño panista

Gonzalo Oliveros

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En 2014, utilicé este espacio para relatar el acoso del, entonces, edil más escandaloso de Zapopan. En ese artículo recordé "Durante 2012, en el transcurso de la campaña electoral, un colaborador de mi programa de radio me informó que Augusto Valencia deseaba una entrevista conmigo. Le dije que podía ser, pero debíamos revisar la agenda ya que ésta se llenaba con otras conversaciones que habíamos pedido con antelación con los candidatos a la gubernatura.

Valencia me contactó a través de redes sociales. Al no concretarse la entrevista debido a esos problemas de agenda, el opaco candidato decidió insinuar que era por una cuestión económica: No me había llegado al precio.

Ese mismo día, el último permitido para hacer entrevistas, Enrique Alfaro lo desmintió e, incluso, mencionó al aire que el "le daba un coscorrón y lo aplacaba".

Desde entonces, Augusto Valencia es el bufón de Movimiento Ciudadano".

Años después, el político continúa en su urgencia de luz para, con ella, simular que es luciérnaga en el Congreso de Jalisco.

No obstante, su oscura personalidad lo delata. En días recientes, su actuación en la selección del nuevo magistrado para el máximo tribunal del Estado lo hizo resbalar en una sola foto. Un retrato que reflejaba la felicidad de tener, frente a él, a su verdadero líder político.

Días después, ante la presión pública a que develara su furor, Valencia publicó en redes sociales su ideología conservadora, más cercana a la reacción que a lo que, se supone, pregona Movimiento Ciudadano. Contradicción política que no se debe de perder de vista.

Pidió datos y persiguió candidatos no en un ejercicio de transparencia sino en una maniobra de distracción que proteja su apuesta. Recibió correcciones al no revisar las respuestas de la contraloría. Seguro no se inmutó: está acostumbrado a ser la burla de todos.

Valencia repite la opacidad que mencionaba hace años. Lo era con su doble trabajo en el Ayuntamiento y en el CUCEA. Ahora, con su apoyo -innegable por su revelado apoyo ideológico y por la reacción corporal típica del cínico- a Fernando Guzmán, candidato contra el que jugó, curiosamente, en 2012, cuando quiso ser alcalde de Zapopan y, obvio, perdió ante su poca altura.

Augusto Valencia sigue en la descalificación de la crítica -como hace años-, pero olvida que, la última ocasión, rogó por el perdón de un servidor. Ahora, publica desafíos vía Whatsapp y gasta el tiempo que debiera invertir en lograr sacar sus iniciativas en ataques infantiles vía Twitter. De edil bufón al nene berrinchudo del Congreso. A este paso, sus pares deberán tenerle mamila lista para callar sus llantos.

Y pensar que quiere ser, mínimo, reelecto. Alguien explíquele que no será así.

goliveros@me.com

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