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Columna de Gonzalo Oliveros

Una historia peculiar de construcción

Gonzalo Oliveros

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Vivo en la delegación Álvaro Obregón en la Ciudad de México. La esquina donde se encuentra el centro comercial Artz Pedregal fue, durante décadas, parte de mi recorrido diario hacia mi escuela, mi universidad o mi trabajo.

Dicha esquina era un terreno baldío que colindaba con la zona de Jardines del Pedregal, zona residencial del sur de la ciudad. Ahí viven ricos, empresarios y políticos o -si desean verlo así- políticos ricos que no son empresarios.

De pronto, la esquina y, de hecho, toda la delegación, comenzó a cambiar. Edificios, multifamiliares, condominios de lujo y, sí, centros comerciales comenzaron a poblar los terrenos que, durante lustros, habían sido resguardados.

No era solo la necesidad de nuevos espacios de vivienda en la capital. Algo había detonado la construcción en la delegación.

Detonado con peculiaridades.

Hace dos años, en la recién iniciada construcción de lo que se conoce como Artz, la edificación comenzó con problemas. Columnas convertidas en palillos ante el suelo reblandecido o un mal cálculo. La lateral de una vía rápida cedió junto con las columnas.

La solución fue cerrar la calle durante meses mientras continuaba la construcción.

En marzo, de la nada, dicha plaza abrió sus puertas pero no sus tiendas. Pareciera que era prioritario echar a andar el mall para evitar multas. Así, de manera parcial, el centro comercial daba pocos elementos de oferta a excepción de algunas tiendas ya en operación, unas oficinas, pocos restaurantes y un espectacular jardín que daba hacia el periférico, pero sin el molesto ruido de los autos que transitan en la zona. Portento del diseño, el jardín se encontraba en una zona volada en la orilla cercana al anillo.

Ayer cayó el jardín, mucho más pesado -seguramente- de como estaba al inicio solo por la lluvia absorbida en la tierra del mismo a partir de las profusas lluvias de los últimos días.

El vocero del centro comercial -curiosamente, el mismo vocero de Miguel Mancera en su paso por la jefatura de gobierno- insistió que todo estuvo en regla y que era un accidente. Accidente que, en otra circunstancia de hora, día y clima, hubiera sido fatal.

Álvaro Obregón se llenó de edificios. ¿Cuántos pueden tener las peculiaridades del centro comercial? ¿Cuántas ciudades tienen sus propios Artz en potencia que esperan, tarde que temprano, su falla estructural?

¿Viven ustedes en un municipio con ese tipo de irregularidades?

Dudo que la respuesta sea “No”.

goliveros@me.com

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