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Viernes , 20.07.2018 / 02:57 Hoy

Te pago para que me pegues

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La relación de dinero-presión-complacencia entre medios y poder no es nueva. De hecho, no es solo una característica de la forma occidental de relación entre gobiernos y prensa sino una de las cuestiones que, aún, causan dolores de cabeza en ambos lados.

La nota del New York Times que ha causado tanta ira en ciertos medios e indignación en algunas capas sociales falla en contextos históricos y detalles que, en estricto rigor, la desecharían de cualquier redacción. Su valor es otro y no el periodístico en sí: poner a debate, una vez más, dicha relación.

Sí, una vez más. Porque al reportero -y al periódico completo- se le olvidó que la presión en México financiera del gobierno a medios es muy añeja.

Pongo algunos ejemplos.

Julio Scherer supo lo que era el asedio del poder desde el lado publicitario. Primero, Echeverría fustigó a Excelsior a través de un boicot publicitario orquestado desde el Estado y, después, López Portillo quitó la pauta publicitaria a Proceso ante los embates contra su gobierno.

Sí, Proceso fue en sus inicios -cuando no tenía el tiraje de un gran diario, pero si una gran influencia construida desde el nombre de su director y sus colaboradores- financiada con publicidad oficial. Muchos de los argumentos que hoy utilizan los críticos sobre pautas gubernamentales podrían haber sepultado al semanario bajo los mismos parámetros: se sabía de la cercanía de López Portillo hacia Scherer... hasta que se percató que dicha cercanía no eclipsaba sus errores en el oficio periodístico.

Cualquier lugar del mundo tenía -antes del boom de ediciones gratuitas como Publimetro- dos o tres periódicos a lo mucho. El Distrito Federal tenía 20, todos ellos financiados desde el gobierno. Más aún, auspiciados para eclipsar a otros que, con tiraje similar, hacían críticas. A eso, había que agregar que el gobierno tenía el poder sobre la distribución de papel hasta que Grupo Reforma decidió importar de Canadá sus insumos.

Por último, la nota no diferencia entre publicidad oficial y tiempos fiscales en radio y televisión. Hay que señalar qué hay una cantidad enorme de tiempos de los que las empresas concesionarias no reciben dinero alguno ya que están asignados por ley en una reforma impulsada con la aprobación de todos, incluidos los hoy críticos a la publicidad oficial. Detalles que distorsionan toda la nota.

Sí, el debate debe abrirse, incluidos aquellos medios que apuestan por un candidato y cuando éste no invierte más en ellos, su línea editorial vira a la crítica o la demolición.

La nota del NYT debe ser no el final sino el principio... con todo y sus errores.

goliveros@me.com

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