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Miércoles , 17.10.2018 / 15:41 Hoy

Columna de Gonzalo Oliveros

Política a la tapatía

Gonzalo Oliveros

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La semana tuvo dos notas relevantes que impregnaron de tequila el ambiente político mexicano.

-Disculpen ustedes, comencé este ensayo con la típica figura de los predecibles y aburridos figurines mediáticos tapatíos, tan obvios en sus filias y sus fobias como en los favores económicos que reciben-.

Enrique Alfaro fue ratificado -junto con los otros alcaldes ciudadanos que lo acompañan-. Era casi un resultado cantado. La obviedad hace que la comparación sea obviada pero no olvidada: Andrés Manuel López Obrador hacia ejercicios de ratificación y plebiscitos en métodos que todos cuestionaban pero, a partir de eso, validaban.

Alfaro trazó la ruta de su gobierno hacia la ratificación como método de diferenciación del priismo. Ya sea por confianza en la gestión o confianza en la apatía ciudadana, el alcalde fijó el resultado como trampolín para el futuro personal y del Estado. De forma torpe y desarticulada, la oposición intentó desacreditar el ejercicio. No hubo mucho caso no porque no existieran motivos para ello, sino porque el descrédito de la política hizo que las voces se perdieran en su miasma. Prisitas y panistas no revisaron el pasado y, por ello, los caminos para evidenciar las fallas de la ratificación no surtieron efecto. El trabajo de escritorio falló y, con ello, el objetivo.

Ahora, Enrique Alfaro corre en camino libre hacia la gubernatura. Tiene no solo la legitimización vía su proceso -nunca mejor dicho- sino las cartas de negociación a nivel nacional para vacunar Jalisco a cambio de otra inoculación. Las características políticas del estado lo hacen altamente apetitoso a los distintos partidos y saben, también, que es territorio donde AMLO tiene pocas posibilidades de triunfo. Eso abre las posibilidades a otro tipo de acuerdos donde los partidos locales jugaran de espectadores ante las necesidades nacionales.

Jalisco bien vale una misa o un Alfaro, piensan en el gobierno federal.

Y sí, MORENA se aleja cada día más de la preferencia jalisciense. Esta semana, la ley Kumamoto tuvo un triunfo en la corte. Morenitas connotados decidieron usarla para pegarle al hijo pródigo del independentismo. Puede ser que el golpeteo funcione a nivel nacional entre la grey obradorista, pero para Jalisco el revés de las huestes de López Obrador contra Pedro Kumamoto significará una pérdida considerable de simpatías y, obvio, de votos.

Ironías de la vida, Kumamoto podría ser el factor de derrota para el propio AMLO y hasta para Alfaro. Los muros si caerían, pero no los que el diputado independiente pensaba en un inicio.

¿O sí?

goliveros@me.com

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