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Sábado , 23.06.2018 / 04:55 Hoy

Columna de Gonzalo Oliveros

Nuestra razón

Gonzalo Oliveros

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El tema es capitalino pero puede ejemplificar claramente la forma en que una causa vecinal puede ser manipulada para un interés personal. Desde hace tiempo, la colonia Condesa de la Ciudad de México –ese epítome de vanguardia metropolitana erguida desde las ruinas de la clase media de los setenta– ha comenzado un proceso de transformación que a muchos vecinos –de los nuevos, de aquellos que llegaron a partir de la moda y el bullicio– no les parece.

Primero, la manera en la cual los parquímetros se encontraron como una solución a los problemas de estacionamiento llevaron a los habitantes de esa colonia y su vecina, la Roma, a votar en referendo. La negativa ganó en una de ellas y llevó a problemas de espacio y coordinación que debieron solucionarse desde la imposición central.

Luego, un sector votó de nueva cuenta sobre el famoso Corredor Cultural Chapultepec: una idea mercantil del gobierno de Miguel Mancera y su escudero de apellido Levi. El proyecto fracasó, pero llevó a un nuevo debate sobre la actuación de la delegación Cuauhtémoc en la toma de decisiones.

A la mitad de esto, Mony de Swaan, un eficiente Presidente de la COFETEL en el sexenio de Calderón, ha emprendido una confrontación contra el gobierno de Ricardo Monreal, actual delegado.

El último conflicto ha sido el andador de la Avenida Ámsterdam, punto neurálgico de la Condesa Hipster y de la clase con mayor poder económico de la colonia.

La iniciativa de una marca de ropa deportiva de acondicionar el andador con una tira de leds levantó suspicacias y quejas de vecinos. Cierto, la marca olvidó platicar la idea con los ciudadanos de ese sector, pero tramitó en tiempo y forma los permisos con la delegación.

Un sector de los vecinos amenazó por redes sociales con boicotear y hasta sabotear la instalación. Pidió una nueva negociación y hasta sugirió mejoras que le corresponden a la delegación y no a Nike a cambio de permitir la activación planteada en un inicio.

Incluso, hubo exageraciones donde acusaban a corredores de conductas violentas y hasta de robo de energía y material deficiente en la instalación.

Algunos, cierto, en busca de mejores espacios de convivencia. Otros, también, en claro golpeteo político.

Los leds están aún instalados y la iluminación por parte de la delegación mejoró. Hay más transeúntes en la zona y, por lo menos las veces que he ido en la semana, no he visto los cuadros de violencia y rabia que algunos usuarios de redes sociales describían el fin pasado. Todo por defender su espacio, su razón.

Luego nos quejamos de los muros de Trump.

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