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Lunes , 18.06.2018 / 16:18 Hoy

Columna de Gonzalo Oliveros

Muchedumbre de odio

Gonzalo Oliveros

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La Copa América está en evolución y la selección mexicana ha realizado un papel decoroso. Parece una situación fácil pero Brasil y su eliminación es un ejemplo que, en el futbol, no hay caminos ya resueltos con anticipación. Bien por la selección mexicana y los miles de seguidores que usan el estadio para demostrar su ignorancia.

Sí, ignorancia lingüística que se disfraza de libertad y falsos sinónimos a una palabra que, hoy, continúa como la descripción más peyorativa hacia un homosexual.

PUTO se le dice al gay que es golpeado en la calle. PUTO se le insulta al afeminado. PUTOS es la última palabra que escucharon los asesinados en el bar en Veracruz hace un par de semanas. PUTO es lo que les enseñamos a nuestros hijos no deben ser.

PUTO, dicen ahora, es el cobarde y pusilánime; el que no brinque y el que no salte, el corrupto, el bochornoso, aquel que debe ser denunciado.

Sí, PUTO, el que es todos esos sinónimos pero que derivan del inicial: homosexual -léase con asquito-.

La iglesia católica -y seguidores en puestos públicos, medios y empresariado- han lanzado una campaña donde, a partir del rechazo al PRI por múltiples motivos en las pasadas elecciones, le advierten al Revolucionario Institucional la futura debacle de apoyar la iniciativa lanzada por el Presidente Peña sobre el matrimonio universal. De forma "generosa" -bajo el precepto menos cristiano de la palabra- ofrecen que se den todos los derechos pero que se modifique la palabra. Matrimonio, dicen, debe ser entre hombre y mujer, nada más.

Curioso que este sector de la sociedad, tan cuidadoso de las palabras y su significado, insista en preservar el significado de una pero justifique el uso de otra en los estadios como parte del juego y la catarsis. Doble moral, hipocresía típica de las sociedades en mutación.

La diferencia es que la utilización de la palabra matrimonio de forma universal no mata a nadie, el usar PUTO sí.

¿Podemos cambiarlo? Comencemos por uno mismo. Yo, en algún tiempo, hacía la diferenciación. Creo que Veracruz y Orlando debieran ser objeto de reflexión para modificar nuestra articulación gramatical.

Y, de paso, nuestra visión del mundo.

PD. La ley 3 de 3 fue aniquilada en el Senado. Pedro Kumamoto lanzó una enérgica protesta en redes sociales acompañado de una multitud. La queja, curiosamente, fue ¡a los diputados federales que ni siquiera habían votado! (Seguro un error que nadie corrigió).

Lo que no dijo es que dicha multitud estaba conformada por su equipo de trabajo, disfraz que usa cualquier político.

Qué triste. Lo nuevo con ese gran tufo de vejez, aunque le duela a sus asesores.

goliveros@me.com

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