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Jueves , 20.09.2018 / 12:44 Hoy

Columna de Gonzalo Oliveros

La traición a nosotros

Gonzalo Oliveros

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Hace unos años, una locutora que ahora se las da de crítica de libros hablaba con un amigo entrañable. Cada vez que salía el tema de la traición de un ex colaborador a mi amigo, la locutora asentía con la cabeza en afirmación y compromiso: ella concordaba en que las acciones cometidas por este conocido locutor y escritor eran reprobables.

Años después, la locutora convertida en crítica se sentaba, feliz, a presentar el más reciente libro del traidor. No, no había cambiado su calidad literaria ni su calidad moral, había cambiado el interés de la locutora, la necesidad de pertenencia y el vehículo para lograr sus objetivos.

México está en una situación parecida. Se pelea por una idea de país pero se departe en las mismas mesas el pan que no llega al pobre. La discusión es en redes sociales pero nunca para luchar más allá del límite que rompa una relación familiar. Esas discusiones que despedazan pero no hacen daño a los debatientes se convierten en falsas, acomodaticias, tramposas para todos.

El martes fue un ejemplo de ello. Las redes sociales, ese universo donde creemos que cumplimos el deber social de construir ciudadanía, se llenaron de condenas a la designación de un ministro, la discusión sobre el derecho al olvido, el fracaso de la política económica unido a la debacle del peso frente al dólar y hasta lo certero de los tiros de los muertos en Michoacán que solo se mataron entre ellos.

Pero, fuera de ellas, la dinámica murió. Sí, hubo el acto de entrega de firmas contra Medina Mora y una reducida manifestación en apoyo a los padres de los desaparecidos, pero nuestra depresión social se quita un fin de semana entre mezcales y cigarros de mariguana. Lejos de la marginación, el hambre, la verdadera inseguridad y lo políticamente incorrecto.

El síntoma de una sociedad de apariencia que traiciona a la mayoría.

La burla y la marginación de quien apoya el status quo dura el lapso que tarda el tweet o la publicación en el muro de Facebook en desaparecer. Nuestra retención de indignación cada vez es menor. Nuestro activismo cada día, menos beligerante.

El nuestro, porque hay cientos que, olvidados por todos, son la verdadera amenaza al sistema que hoy, con nuestra indiferente rabia, apuntalamos.

Para terminar, al platicar con mi amigo sobre esa crítica de libros y su ahora admirado camarada, acertó a decir con verdad “en todo caso, la traición es para ella misma al considerar serio el trabajo de un ser tan amoral”.

La traición hacia nosotros mismos. En eso vivimos.

gos@gimm.com.mx

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