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Lunes , 15.10.2018 / 13:10 Hoy

El atentado

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Hay varios temas que vuelan en el ambiente de la rumorología. Ninguno de ellos es real pero da lugar a suspicacias, intrigas y preocupaciones, algunas de ellas que deben de atenderse.

La primera es el estancamiento del candidato del PRI a la presidencia. Cierto, José Antonio Meade tiene grandes credenciales para ser presidente, es un candidato sin escándalos de corrupción y con una esposa con talentos como para apuntalarlo a él y toda una administración.

Nada de eso sirve ante la gasolina agotada. Aquí, la percepción es que eso ya pasó y la campaña murió antes de comenzar con la ventaja en múltiples sentidos del puntero.

Percepción era realidad en política aunque se intente, de todas formas, evitarlo. La trampa de las precampañas en donde los candidatos deben ser "acotados" y "reservados en propuestas" van en contra de un no-priísta que quiere jugar otro juego. A eso, agreguen el poco aliento de las fuerzas vivas del partido y la grilla del gabinete que, en los movimientos del primer equipo, jalan reflectores en lugar de apostar por la discreción que evada quitar atención a la campaña.

El siguiente tema es más delicado: la posibilidad de un atentado en alguna campaña.

El desencuentro entre Alfaro y Aristóteles detonó dos discusiones que, en el escándalo, se pierden: la posibilidad de un atentado y la indefensión del ciudadano común en la calle o carreteras.

Cierto, los candidatos llevan un equipo de seguridad que los gobiernos federal y estatal (según el caso) administran, privilegio que no tienen los ciudadanos comunes. Vaya, en un mundo normal, los candidatos -sobre todo los oficiales o los que fueron gobernantes- debieran de transitar sin necesidad de escoltas, hacerlo es reconocer el fracaso en las políticas de seguridad.

Pero ese fracaso -real, patente- hace que los riesgos de un atentado sean reales. La queja de Alfaro debiera ser más clara y abierta: las condiciones donde un miembro connotado de un partido político sufra de una agresión física son reales.

Cierto, cualquier persona sufre del mismo riesgo, pero las consecuencias de un atentado a un candidato desatarían condiciones que los mexicanos sufrirían por los años a venir. Solo recuerden el 94.

goliveros@me.com

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