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Martes , 18.09.2018 / 21:21 Hoy

Columna de Gonzalo Oliveros

Discusiones éticas de verano

Gonzalo Oliveros

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Un conductor de noticias de espectáculos reaparece en los medios de comunicación. Llevaba algún tiempo retirado de ellos ya que, había declarado, prefería dedicarse al deporte -del que había surgido en una carrera bastante mediocre- como ejecutivo del gobierno veracruzano.

En su retorno al reflector, el conductor afirmó estar listo para conformar una familia. El matiz se da en el conocimiento previo que se tenía de él: hasta su retiro, el comunicador se asumía como homosexual e, incluso, con planes de matrimonio con su pareja.

El mismo reportero saltó a la fama no por sus entrevistas, investigaciones, reporteo o dedicación, sino por escándalos de drogas y adicciones, aplicaciones en el cabello y segmentos ridículos en los segmentos donde participaba.

La declaración y un par de publicaciones en redes sociales levantaron una polémica y la indignación sobre el tratamiento de la homosexualidad en medios de comunicación. De hecho, se montó en redes sociales una campaña para alejar la orientación sexual de la catalogación de “enfermedad”.

Y ahí entra la trampa.

El conductor de noticias puede declarar y vivir como desee. Su trayectoria indica que no es la persona más centrada y que, más allá de sus afirmaciones, amigos y familiares deberían de cuidar de su bienestar ante sus estados de ánimo.

Pero ¿Por qué la empresa que lo contrató y usó de múltiples formas le dio micrófono para ese tipo de declaraciones?

Porque existe público para esas notas.

No solo por el morbo que ocasiona el personaje por sus adicciones, sino porque, aun ahora, el morbo surge de su apertura y afirmativa sobre su orientación.

Aceptemos: aun en estos días, la homosexualidad no es aceptada en la sociedad. Se tolera y, en la mayoría de los casos, se desea que sea reversible. El “que bueno que sea feliz pero ojalá y no lo fuera” se extiende en el discurso sotto voce en la sociedad mexicana.

El problema no es Clark y su declaración, sino que, aun en estos días, hay más aliviados de que un gay se considere heterosexual -o asexuado, en el peor de los casos- que el sentido contrario. Hay más que aplauden el regreso al closet que la salida del mismo.

No, no es gripa, pero algunos buscan, como el enfermo de oficina, ocultar el estornudo lo más posible.

Con o sin cámara que lo atestigüe.

goliveros@me.com

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