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Miércoles , 19.09.2018 / 01:05 Hoy

Columna de Gonzalo Oliveros

Deshojando la Margarita

Gonzalo Oliveros

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Margarita Zavala no ganará la Presidencia. No está preparada para lograr un arrastre necesario para lograr las simpatías requeridas para triunfar. Es normal, pese a llamarse independiente, la política sabe que el aparato partidista es indispensable para poder mover no la aprobación pero sí a millones de personas que, el día de la elección, deben de ir a las urnas motivados por otras cosas además de la empatía.

Pero Margarita no las tiene de perder, al contrario: puede estar gestando el verdadero objetivo de esta campaña.

Margarita, su esposo y allegados han entrado en una lucha feroz por la conciencia de Acción Nacional. La riña viene de casi 20 años atrás y arreció hace una década, cuando Felipe Calderón comenzó a controlar el partido para intentar, con ello, beneficiar a sus cercanos. Fracasó en varias ocasiones, tanto en la imposición de sus dirigentes como en el intento de crear en Ernesto Cordero el candidato a la presidencia.

-A propósito, el PRI debió de aprender en cabeza ajena y revisar como el ex secretario de Hacienda del anterior presidente no levantó ningún tipo de calor entre el electorado interno y externo. Es obvio: el que lleves bien las finanzas no te hace carismático, menos aun cuando eso (la eficiencia) es lo que vendes como principal atributo-.

Como sea, la semilla del calderonato continuó durante el sexenio de Peña, impulsado de forma contundente por la poca popularidad del presidente en turno. En otras circunstancias, Calderón tendría que vivir fuera del país ante las acusaciones de genocidio y descrédito por el caos en que -en percepción- sumió al país.

Pero la debacle peñista alcanzó la fortuna a Felipe y compañía, Margarita incluida.

En un inicio, la ambición de regresar a Los Pinos parecía algo factible, pero el factor Anaya alejó las posibilidades. Siendo honestos, era claro que Ricardo y clan -con o sin frente- haría imposible la candidatura de Zavala.

No obstante, parece que él les dará a la ex pareja presidencial lo que, en realidad, quieren: su partido.

Tal vez no las siglas, tal vez no la tradición, pero sí el ideario y seguidores. Margarita Zavala podrá, luego del primero de julio, convocar a los dolientes panistas a reformar un partido que combata a López Obrador, contenga desde el congreso avances de economía mixta y, fuera de las cámaras, proteja los ideales de familia y vida que los conservadores impulsan.

Margarita -y su esposo- tendrán al PAN, mientras Anaya buscaría resguardo antes de terminar donde lo quieren sus enemigos políticos (que no son pocos): en el descrédito o en la cárcel.

Buen motín para la candidata.

goliveros@me.com

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