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Miércoles , 21.11.2018 / 00:48 Hoy

Columna de Gonzalo Oliveros

¿Cuánto por el verde?

Gonzalo Oliveros

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A nivel nacional o local, el Partido Verde es el partido del mejor postor.

Cierto, dentro del partido hay cuadros relevantes y, también, gente deleznable. Cosa común en la política mexicana y en los partidos por más nuevos o viejos que sean. Pero al verde no lo mueven sus cuadros y, mucho menos, su emblema. El tucán se ha convertido no el símbolo ecológico sino pesticida. Pesticida de la dignidad política.

Pesticida pero, hay que decirlo, con todo el tino para moverse en el mar del cambio, así sea en el de la cuarta transformación. 

Así, el verde de danzas autóctonas de Jorge González Torres se acomodó en los linderos del camachismo para, de ahí, saltar al pragmatismo del “Hoy” y apoyar a Vicente Fox para llegar a Los Pinos. Luego, tras la traición del guanajuatense que dejó para “mañana” el compromiso adquirido, la franquicia transformó cercanía con los temas ecológicos para ser ese ente que es rechazado por el círculo rojo.

Sí, círculo que está ilustrado y sabe de las maromas partidistas, recuerdan los moches y las maletas llenas de dinero que llegaban a Tuxtla, el diputado que decidió saltar de la cámara de diputados a la de Big Brother, de la defensa de los toros a la pena de muerte. De las mochilas como ariete electoral de mala calidad y los tweets pagados el día de la elección. De ese verde contaminado por la ambición.

Pero ese sector social no se percata que, palabra a palabra, el Verde sabe llegar a las capas más desprotegidas. El discurso ecológico tendría la simpatía de la zona ilustrada, pero esa no hace ganar elecciones o registros. Al final del día, votan por los partidos tradicionales. 

Y el Verde -como el PT, MC o -ahora- el PRD- saben que la subsistencia política no está en la defensa de ideologías en un país donde eso no existe a nivel general. 

Ahora, en una maroma cantada, comienza la alianza con MORENA de la mano de Manuel Velasco. Siendo honestos, Chiapas sabía que dicha alianza viene desde antes de la elección. El estado será gobernado por el partido de López Obrador pero la tersura con la que el gobernador se convirtió en tapete tendrá recompensa.

Sí, habrá rechazo y repudio, pero al Verde no le importa. La supervivencia política es el nombre del juego. 

Juego que no cambiará, gobierne quien gobierne.

goliveros@me.com

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