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Jueves , 13.12.2018 / 17:17 Hoy

Columna de Gonzalo Oliveros

Ausencias

Gonzalo Oliveros

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Roma es una película de distintas capas, cada una de ellas devela una verdad, un recuerdo, un problema que este país no ha podido resolver casi cinco décadas después.

(No, esta no es una columna de cine, solo les pido paciencia).

Cuarón revela un México que, como cualquier recuerdo, tiene su parte de añoranza y hermosura. El latigazo de nostalgia hacia lo bello del pasado es presente en cada escena, sonido y detalle que la dirección de arte plantó en la historia.

Pero, tras de ello, viene la verdad: el país que vivía en una tensión ocasionada por el deseo, casi desesperado, de que no cambiara nada pese a las presiones externas. El país de Zovek y Echeverría era el mismo de las mujeres abandonadas, del padre ausente.

El país que desea, una y otra vez, quien lo cobije.

México es nación de la chingada pero también de la figura paterna idealizada. Como Quetzalcóatl que se ha transfigurado en distintos nombres -emperador, caudillo o Presidente-, el mexicano vive un abandono que los políticos quieren compensar con magras acciones para poder prevalecer. La trascendencia del político mexicano no está tanto en la obra como en la percepción de protección a la sociedad, fenómeno común en el plano internacional pero con las características propias de la historia mexicana que lo hacen más intenso y peligroso.

Andrés Manuel López Obrador -estudioso de la historia y de los resortes del mexicano- lo conoce a la perfección y ha desarrollado su personalidad en ese trayecto. Inalcanzable pero cercano, transmutado pero humilde, místico y terrenal, el Presidente sostiene la veloz primera semana de poder real con dicha dicotomía creada a partir del distanciamiento del político tradicional. La figura se agranda lo cual es beneficio para sus seguidores y dañino para su equipo. La construcción de figuras poderosas hacia 2024 se entorpece ante un ejecutivo presente en todo momento.

Esa deficiencia la ha sabido leer Alfaro. El recién desempacado gobernador de Jalisco ganó su primera batalla ante el Presidente López Obrador sin desgaste alguno. En días, se ha desmarcado no solo de los demás gobernadores -con un Javier Corral un tanto desesperado por ello- y de un gabinete cuya cercanía los deja inmóviles para lograr sobresalir ante la paradójica rapidez de su líder. A ello, sumemos los problemas propios de los primeros días y el coctel es perfecto para estar listo si el sentimiento de abandono aparece entre ese sector que, en julio, votó sin restricción por el político más conocido del país.

goliveros@me.com

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