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Viernes , 22.06.2018 / 20:15 Hoy

Con singular alegría

Una tragedia

Gilda Montaño

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Fue realmente una tragedia. Por las razones que hayan sido, lo grave fue que todas las personas que estaban por allí cerca, murieron. Estallaron por el aire, se desintegraron. Fue un accidente que devastó a fin de año, la tranquilidad, la estabilidad y la congruencia de nuestro gran Estado.

Espero que jamás a alguien se le ocurriera hacer un intento de descomponer el único trabajo que se tiene en Tultepec: la pólvora y los juegos que por el aire brillan en las fiestas de todos los mexicanos, disfrazados de la más bonita pirotecnia. Un arte mexicano para el país entero.

Desintegrado, devastado, moribundo y lastimado el suelo, con sangre impregnada en lo más profundo de sus raíces, quedó convertido en un valle de soledad y miseria. Ni el más misericordioso de los Dioses podría voltear a darle un poco de luz. Se acabó. Y con esta tierra, muchas posibilidades para quienes vivían de su arte.

Lo extraordinario fue como siempre, el grande apoyo que de golpe vino de todas partes. Mexicanos al fin, todos estaban hombro con hombro, al pendiente de sus hermanos.

Yo no conozco a Eruviel Ávila, pero sí a su Secretario General de Gobierno que trabajó conmigo: José Manzur. Y el hecho de verlos enfrentando el problema, inmediatamente que pasó la tragedia, como hombres cabales y responsables, y el haber establecido inmediatamente los enlaces para poder desplegar todos los apoyos necesarios para ese momento crítico, me dio la certeza de que este estado está siendo manejado por estrategas con verdadero oficio político.

Por supuesto que es su deber. Pero para mí tiene un valor inmenso saber que los habitantes de Tultepec no están solos. Tampoco nosotros. Dios nos arropa, nos bendiga y nos guarde. A todos.

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