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Domingo , 23.09.2018 / 06:22 Hoy

Con singular alegría

Misericordia para el gobierno

Gilda Montaño

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Me he preguntado infinidad de veces cómo se podría cambiar el camino de este tan lamentable hecho que tiene indignada a la población mexicana. Por supuesto que me refiero a los 43 muchachos que, de sopetón y sin previo aviso, fueron mandados a robar camiones —para estar en Tlatelolco—; se equivocaron con uno, uno que jamás debieron tocar. Qué triste. Todo lo que se había logrado hasta ese momento: programas, proyectos, planes y estrategia se vino abajo. Todo.

Y la respuesta que se me ocurre es: solo Dios, con una eterna e infinita sabiduría, podría. Entonces pensé en que el Papa Francisco no debería estar en Estados Unidos en este momento, sino aquí y en Siria. Aquí, porque lo necesitamos para entender y perdonar; en Siria, porque es el único que podría convocar a iglesias, países y organizaciones a tratar de componer a esta parte del universo que es el centro de las civilizaciones y que en este momento están destrozando y dejando en ruinas a toda su gente que se está desplazando a toda Europa.

Francisco es el representante de una iglesia que se ha establecido durante 20 siglos y que tiene una fuerza incuestionable, indudable e irrefutable. El trabajo que está haciendo es excelente por su pulcritud e inteligencia. Ya juntó a Estados Unidos y a Cuba después de 50 años... y si eso pudo hacer con lo irreparable, ¿por qué con nosotros no?

Francisco podría ver a estos lastimados padres de familia que han sido usados, ultrajados, insultados, ofendidos, agraviados, mancillados, maltratados, pero sobre todas las cosas: engañados. Ellos que en el fondo de su alma quisieran ver vivos a sus hijos, pero saben perfectamente bien que ya no lo están, desde esa misma noche en que fueron confundidos con un grupo antagónico al que gobernaba en Iguala. Francisco podría entenderlos más que nosotros mismos.

Francisco puede orar, rogar, implorar, pedir, invocar, suplicar por el entendimiento y el perdón de estos padres de familia y a él sí le van a creer. Pedirle a Dios que exista en México una infinita misericordia para gobierno y pueblo. Nos lo merecemos.

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