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Jueves , 21.06.2018 / 22:55 Hoy

Sobre héroes y hazañas

Vivir sin parar: la aventura de ser viejo

Gilberto Prado Galán

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Desde su génesis y hasta los días que corren la carrera de maratón en los Juegos Olímpicos ha sido (y seguirá siendo) una de las competencias más emblemáticas de la historia del deporte. Y no exagero. Y esa carrera ha estado plagada por circunstancias curiosas, algunas de signo trágico (como el suicidio del maratonista keniano Samuel Wanjiru en el 2011), otras tocadas por el asombro –los milagrosos pies descalzos con que Abebe Bikila conquistó Roma en 1960- o, para desgracia del fondista brasileño, la injusta descalificación de Vanderlei de Lima en los Olímpicos de Atenas del 2004, justo en el kilómetro 36, cuando fue tacleado literalmente por un ex-sacerdote irlandés. Quiso el azar que el día de ayer viera la película alemana Vivir sin parar, el protagonista, interpretado de manera magistral por Dieter Hallervorden, es nadie menos que el corredor de maratón Paul Averhoff, quien había ganado la competición en los Juegos Olímpicos de Merlbourne (1956) y quien, apabullado por la monotonía de la vida en un asilo, a sus setenta años decide quebrantar la rutina y se prepara fervorosamente para competir en la Maratón de Berlín del 2014. A pesar del halo romántico del filme y del leve trastrocamiento del desenlace respecto de lo que ocurrió en el plano del mundo real, la historia es conmovedora y la vida de Averhoff alienta o entraña una moraleja admirable: la certeza de que, como afirma el refrán español, nunca es tarde si la dicha es buena. Mis parabienes.

gilpradogalan@gmail.com

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