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Sábado , 22.09.2018 / 23:45 Hoy

Sobre héroes y hazañas

Satisfacción de lo arduo

Gilberto Prado Galán

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Me gusta la palabra arduo. Es una voz frecuentada por Borges con tenacidad impar. Aparece, por ejemplo, en el soneto dedicado a Spinoza “arduo cristal”, y se refiere al infinito. Aparece en el pórtico y en el patio trasero del poema “La noche cíclica”: “Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras”, poema que al iniciar como culmina invita al recomienzo, esto es, a la relectura. También en el poema “La luna”: “erigió el arduo y alto manuscrito” y en “Las ruinas circulares” del imposible El Aleph.

Dice Sebastián de Covarrubias y Orozco en su Tesoro de la lengua castellana y española sobre la palabra arduo: “lo que es dificultoso de subir, como el monte alto y fragoso, lleno de riscos y despeñaderos”. Y agrega: “Díjose arduo, ab ardore, porque semejantes subidas o negocios no se emprenden sino por ánimos ardientes y valerosos”. Tan ardua es la vida como la virtud, cuyo camino es cuesta arriba y espinoso, difícil, arduo. El arco de la sinonimia de la palabra arduo comprende voces como molesto, complicado, peligroso y, rima consonante por delante, laborioso, fragoso: abrupto, áspero, quebrado.

La palabra arduo es voz gemelar de ardor, ardoroso, ardiente y ardora: “fosforescencia del mar debida a la presencia de un banco de sardinas” (María Moliner). Confieso que en algunos escritores o en ciertas frases funciona mejor difícil que arduo como, por ejemplo, en la célebre afirmación de José Lezama Lima: “sólo lo difícil es estimulante”. Mucho mejor que “sólo lo arduo es estimulante”.


gilpradogalan@gmail.com

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