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Miércoles , 15.08.2018 / 16:48 Hoy

Sobre héroes y hazañas

Nicolás Guillén o el corazón marcado

Gilberto Prado Galán

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En Jocuma, Acapulco, que es el lugar placentero que Alejandro González Acosta habilitó para solaz de sus familiares y amigos, el erudito Alesso von Tlalpan improvisó la recitación/lectura del poco conocido en nuestros pagos soneto que Nicolás Guillén dedicó al escritor Juan Marinello, quien alguna vez fue rector de la Universidad de la Habana.

El verso inaugural da cuenta del tránsito silencioso del tiempo y, además, alude a todo mortal al mencionar a Juan: "El tiempo, Juan, en su fluir callado". El gota a gota del segundo verso es una reduplicación o repetición en contacto, lo mismo que el golpe a golpe machadiano subsiguiente: "gota a gota desgrana nuestra vida". Y deja constancia de la irremisible fugacidad tal como afirma el tercer verso: "Y deja siempre en su impalpable huida". Y el remate del cuarteto que, como dije, hace un guiño a Antonio Machado: "A golpe y golpe el corazón marcado".

El inicio del segundo cuarteto es dilemático: "Selva o jardín violento bosque o prado,/cerrada cicatriz o abierta herida,/blasones son de quien blasones cuida/A golpe y golpe el corazón marcado". "Blasones son de quien blasones cuida" equivale a: "Méritos son a quien méritos conquista". en la otra orilla del aforismo graciano: "Mérito sin premio y premio sin apremio".

La andadura del soneto da un giro de tuerca en el primer terceto donde el poeta deja fuera a la selva: "Resplandece en jardín y bosque y prado/tu estatura de estatua sostenida/bajo el fulgor del sueño conquistado". El aliento encarna en un soneto cuya estatua es su misma consistencia. dicho de otro modo: el homenaje monumental que ofrece Guillén a Marinello es el soneto mismo, a salvo para siempre de la traición del aire.

El terceto final es ejemplar por dos razones: retoma el verso inaugural del poema (y así provoca la sensación de recomienzo): "El tiempo, Juan, en su fluir callado/la sonrisa te dio de quien olvida,/a golpe y golpe el corazón marcado". Y es ejemplar asimismo porque la repetición, estribillo o ritornello, del verso que alude al corazón marcado reproduce la insistencia machacona del latir humano, esto es, del corazón marcado. ¿Qué olvida Juan? El rigor del exilio, la súbita pérdida de las raíces, la malhadada orfandad lejos del terruño amado.

El remate es sencillamente delicioso: "a golpe y golpe el corazón marcado".

En Jocuma descubrí este poema y otros más gracias a los buenos oficios de la muy hospitalaria memoria -Borges dixit- de mi amigo Alejandro González Acosta, atento a todos los instrumentos de la orquesta, con el énfasis puesto en la generosidad sin orillas del corazón marcado. ¡Salud!


gilpradogalan@gmail.com

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