• Regístrate
Estás leyendo: Michael Phelps: la sencillez de un portento
Comparte esta noticia
Domingo , 21.10.2018 / 12:41 Hoy

Sobre héroes y hazañas

Michael Phelps: la sencillez de un portento

Gilberto Prado Galán

Publicidad
Publicidad

Me teletrasporto a mi adolescencia, cuando vivía en Múzquiz, Coahuila, y recuerdo que de modo subrepticio leía en un suplemento deportivo de un diario regiomontano la proeza del tritón norteamericanoMark Spitz, las siete medallas áureas en la Olimpiada de Münich, 1972.

Jamás habría de sospechar que aquella entonces incomparable proeza sería borrada, andado el tiempo, de manera increíble y casi sobrenatural, sobrehumana, por el hombre-pez de Baltimore, el tiburón o bala gringo que celebra de modo discreto, discretísimo su monumental hazaña: un caudal áureo que suma ya 21 medallas (más las que se acumulen) en cuatro olimpiadas distintas: Atenas, Pekín, Londres y Río. No menciono aquí las otras preseas y sí digo que hubo un nutrido grupo de resentidos detractores quienes quisieron desdorar, deturpar, el prestigio de Phelps apoyándose en fotografías donde el nadador aparece fumando marihuana.

La envidia, ese perro rabioso que dibujó el jurisconsulto Alciato, quiere arrebatar al envidiado su mérito.

Por eso siempre me ha parecido certera la definición de envidia como “admiración con rabia”. Más certera aún que la esgrimida por la teología moral como “tristeza por el bien ajeno”. Si pasaron 36 añospara que Phelps sobrepujara en medallas de oro en una misma competencia a Spitz (en Pekín), ¿cuántos años tendrán que pasar para que un nadador supere las veintitantas preseas doradas de Phelps?Ni reencarnando varias veces me alcanzará la vida para verlo.


gilpradogalan@gmail.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.