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Lunes , 24.09.2018 / 13:02 Hoy

Sobre héroes y hazañas

Lo fatal de Rubén Darío

Gilberto Prado Galán

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De la obra múltiple, diversiforme, acaso inabarcable de Rubén Darío me retiene el poema “Lo fatal”. ¿Por qué? Por el elogio de lo irracional y, más aún, de lo insensible. Este elogio contrasta con la pesadumbre de la vida consciente, como dice Darío.

El poema rezuma un hondo pesimismo y culmina con una doble incertidumbre: del origen y del porvenir humanos. El poema es éste:


Dichoso el árbol, que es apenas

sensitivo,

y más la piedra dura porque ésa ya no

siente,

pues no hay dolor más grande que el

dolor de ser vivo

ni mayor pesadumbre que la vida

consciente.



Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo

cierto,

y el temor de haber sido y un futuro

terror...

¡y el espanto seguro de estar mañana

muerto,

y sufrir por la vida y por la sombra y

por



lo que no conocemos y apenas sospechamos,

y la carne que tienta con sus frescos

racimos,

y la tumba que aguarda con sus fúnebres

ramos

y no saber adónde vamos,

ni de dónde venimos!...


Rubén Darío murió el seis de febrero de 1916 en León, Nicaragua, donde, por cierto, destaca un museo-archivo en el que vemos -en su lecho de muerte- al poeta asido con firmeza de un crucifijo que le regaló su gran amigo Amado Nervo. Como que sabía adónde iba...


gilpradogalan@gmail.com

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