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Martes , 21.08.2018 / 02:14 Hoy

Sobre héroes y hazañas

La miel de los felices

Gilberto Prado Galán

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En el restaurante Nicanor de Torreón, Coahuila, mi amigo Héctor Matuk recordó el primer cuarteto del soneto LV del libro Cien sonetos de amor de Pablo Neruda: "Espinas, vidrios rotos, enfermedades, llanto/asedian día y noche la miel de los felices/y no sirve la torre, ni el viaje, ni los muros:/la desdicha atraviesa la paz de los dormidos".

En la cantina Covadonga de la colonia Roma en la CDMX traje a la memoria los mismos versos en presencia del gran escritor mexicano Vicente Quirarte.

Quirarte me dijo que habilitaría como título de su próximo poemario "La miel de los felices", expresión descabalgada del verso de Neruda. Y hoy celebro la publicación de este tan breve como intenso poemario presidido por lo que en España se conoce como "línea clara".

Poesía de la línea clara es la de Garcilaso de la Vega, en la otra orilla de la poesía críptica, hermética de las huestes que conforman las filas del ejército gongorino-laringólogo.

Para darnos cabal cuenta de la línea clara voy a citar este fragmento de La miel de los felices: "Los amantes no pueden ser amigos./Fieles a su vocación de lanza/saben clavar y abrir,/pedir la herida sin reclamar clemencia,/hacer del enemigo necesario aliado./Para tomar el campo de batalla es necesario/un fuego que combata al otro fuego./No saben rendirse los amantes./Los vence, si así ha de ser,/el tiempo que se cansa/y reclama otros cuerpos, otras ansias/dispuestas a un combate/inútil, repetido: necesario". Febril y diáfana la poesía de la línea clara, la poesía de Vicente Quirarte.


gilpradogalan@gmail.com

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