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Lunes , 18.06.2018 / 01:05 Hoy

Sobre héroes y hazañas

Grano de sal y otros cristales La sapiencia del gastólatra I

Gilberto Prado Galán

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La poesía de Adolfo Castañón es íntima, sabia, conversacional y, además, amena. Maneja con soltura y espontaneidad las dos cuerdas: el refranero, la paremiología popular, aunque la expresión bordee el territorio del pleonasmo, y la cuerda culta, erudita.

Por ello sus versos irrigan los capilares de los diversos estratos sociales y gastronómicos. Con Grano de sal y otros cristales (Universidad del Claustro de Sor Juana/Bonilla Artigas editores) se consolida como un experto gastólatra (el neologismo es de Adolfo) y como un comensal que invita a los lectores a paladear los platillos mexicanos y franceses, en una afortunada síntesis, en un contrapunto donde lo dulce lleva mano femenina y lo salado lleva sazón masculina y la comida anuncia sus dos grandes brazos: la diaria y la festiva.

En ese “arte del séptimo día” el aguacate es “esa otra mantequilla”. Y en México tenemos que enfrentar en la batalla de cada día “el fuego voraz de los picantes” ya que comer es “salir a comer” y, asimismo, en la certera paráfrasis: “el que traga manda” y hay quienes, con gesto munificente, se “discuten invitando” y entonces queda “un recuerdo digerible del ágape”, obediente a la sabiduría del palíndromo: el ágape págale.

Dice Adolfo que “el itacate no ha funcionado en el orden de las comidas funerarias” aunque yo creo, estoy seguro, que cuando el muerto es remoto o antiguo sí: porque ya se acomodó en el ultramundo para poder comer a sus anchas al menos un tentempié.


gilpradogalan@gmail.com

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