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Miércoles , 16.01.2019 / 13:54 Hoy

Sobre héroes y hazañas

Grano de sal y otros cristales III

Gilberto Prado Galán

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Adolfo Castañón es un gastrófilo declarado y la bisemia o dilogía de la lengua encuentra en este libro cabal sentido y disfrute, potenciado aún más en el recuento de los dichos o refranes del Recetario mexicano del siglo XIX porque “el que quiere la col quiere las hojas del derredor” y “contigo pan y cebolla y, años después, arde Troya”. Son refranes con rodrigón semántico gastronómico.

Por ello: “el muerto al hoyo y el vivo al boyo”. Adolfo nos aclara que el tema que aborda es prácticamente infinito. Y recuerda con gratitud a Xavier Domingo y su entrañable “Cuando solo nos queda la comida”. Dos momentos retienen su atención como estelares en su memoria gastronómica de avispadas y aciculares antenas: Frankfurt y Ozumba.

En las entrevistas de Elena Méndez, así como en el abordaje de Elsa Torres Garza, Adolfo Castañón exhibe una insomne sapiencia del gastólatra y recuerda, ¡cómo no! A Hernán Cortez, Manuel José Othón, Salvador Novo, Artemio del Valle Arizpe, Teresa Castello, María Josefa Martínez del Río, Laura Esquivel. Uf: las damas deberían ir primero.

Elsa Torres Garza dice muy bien que Adolfo tiene una “oceánica hambre de letras”. Y Elena ve con agudeza que la inspiración de Adolfo es Marie, acaso por eso la decantación por el Mari-daje.

Yo celebro con inteligencia y corazón concertados este hermoso y sabio libro, este libro que se antoja y abre el apetito a la primera vista, desde las sazonadas vísperas de los aperitivos hasta la franja crepuscular del jardín de los postres.

Enhorabuena, querido amigo Adolfo.


gilpradogalan@gmail.com

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