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Lunes , 24.09.2018 / 01:01 Hoy

Sobre héroes y hazañas

Espejismo del tiempo circular

Gilberto Prado Galán

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Me serviré de dos poemas cincelados por escritores de la generación del 98: Miguel de Unamuno y Ramón María del Valle Inclán. Aunque, como sabemos, a Valle lo quiso sacar del canon noventayochista Guillermo Díaz Plaja, pero lo restituyó y con atinados argumentos Pedro Salinas. El poema de Valle se llama Rosa Gnóstica y su cuarteto inaugural es éste: "Nada será que no haya sido antes./Nada será para no ser mañana./Eternidad son todos los instantes,/que mide el grano que el reloj desgrana". Volveré a este monumento lírico en breve.

El soneto de Unamuno fue escrito en 1925 y pertenece al libro De Fuerteventura a París. Su estancia inaugural es ésta: "Vuelve hacia atrás la vista, caminante,/verás lo que te queda de camino;/desde el oriente de tu cuna el sino/ilumina tu marcha hacia adelante".

Ambos poemas están regidos, en su almendra temática, por la idea del tiempo circular. En el poema de Valle la idea es explícita en el remate: "¡Todo es eternidad! ¡Todo fue antes!/Y todo lo que es hoy será después,/en el Instante que abre los instantes,/y el hoyo de la muerte a nuestros pies". En el segundo cuarteto del soneto de Unamuno la idea del pasado como clave del futuro aparece en el verso inicial: "Es del pasado el porvenir semblante;/como se irá la vida así se vino;/cabe volver las riendas del destino/como se vuelve del revés un guante". ¿Gravitó el pensamiento de Federico Nietzsche en estos escritores? En Unamuno seguro; en Valle quién sabe. Lo cierto es que Valle exclama: "Sobre la eterna noche del pasado/se abre la eterna noche del mañana".

Y Unamuno por su parte: "Lleva tu espalda reflejado el frente;/sube la niebla por el río arriba/y se resuelve encima de la fuente". La niebla, concepto medular en el autor de La agonía del cristianismo, es señal de incertidumbre entre la vida y la muerte: "La lanzadera en su vaivén se aviva;/desnacerás un día de repente;/nunca sabrás dónde el misterio estriba". Culminación del soneto. Al mismo tiempo resuena la lamentación de Valle: "Mientras hilan las Parcas mi mortaja,/una cruz de ceniza hago en la frente./El tiempo es la carcoma que trabaja/por Satanás. ¡Y Dios es el presente!".

Aleccionadores ambos poemas, pero creo que el círculo se rompe cuando advertimos que nuestro futuro no es la mera repetición de nuestro pasado. De cualquier modo: ¡Olé! Para Unamuno y para Valle Inclán. Nos ayudan a surcar el proceloso mar de la vida con más cuidado.


gilpradogalan@gmail.com

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