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Domingo , 23.09.2018 / 00:25 Hoy

El sabor de la almendra

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Me gusta el sabor de la palabra almendra. Me gusta también su mágica eufonía. Recuerdo que leí por primera vez la palabra almendra, con el significado de la novena acepción que registra el Diccionario de uso del español de María Moliner, como núcleo, parte central, especialmente de una ciudad, en el libro cardinal de Pedro Laín Entralgo sobre la generación de escritores españoles motejada del 98. Laín la utilizaba como sinónimo de corazón, centro, parte medular.

Tanto Moliner como Sebastián de Covarrubias Orozco en su Tesoro de la lengua castellana o española dicen que el sinónimo estricto, en atención a sus étimos, de la palabra almendra es la voz amígdala. Covarrubias matiza que no nos dejemos engañar por el inicio al de ese voquible en el sentido de creer que procede del árabe.

Avisa que almendra es voz de etimología griega. Y añade: “si quitamos a la almendra la cáscara verde, la que debajo queda que es dura, está toda rajeada y con muchos agujeritos”.

Llama la atención que escriba rajeada, voz infrecuente en nuestros pagos y, de hecho, los diccionarios no registran el verbo rajear y sí registran, cómo no, el palindrómico verbo rajar. Por cierto, Covarrubias habla del almendruco (nosotros solemos utilizar la rima consonante en la expresión el truco del almendruco): “Las almendras verdes se llaman almendrucos y arzollas o allosas arabice, golosina de preñadas”. Qué cosas.

Me gusta el sabor de la palabra almendra.


gilpradogalan@gmail.com

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