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Martes , 16.10.2018 / 19:17 Hoy

Sobre héroes y hazañas

El escaleno etílico

Gilberto Prado Galán

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Recuerdo aquella afirmación que aparece en la novela principal de Malcolm Lowry (Bajo el volcán): en Cuaunáhuac (Cuernavaca) hay más bares o cantinas que iglesias: la densidad de recintos con venia etílica es mayor contrastada con los lugares dedicados al esparcimiento espiritual.

En mi reciente visita a Torreón lo comprobé, gracias a la perspicacia analógica que Nacho Lazalde denominó, en frase muy afortunada, el escaleno etílico. Se trata de tres bares con nombre de gentilicio y de topónimo y el tercero enmascarado por obra y gracia de la metonimia:

La sevillana, Versalles y La Terminal, este último rebautizado por Nacho, por contigüidad sonora, como Termópilas ( Grecia antigua), añejo bar que data de 1931. Los tres forman un poderoso triángulo escaleno etílico y tienen, como dijo el poeta, su berilio peculiar de brillar.

En la sevillana despunta la iconografía santista. En Versalles fui arrullado hacia el paraíso por los Creedence. Y como los acababa de escuchar en el Palacio de los Deportes pues “miel sobre hojuelas” y, finalmente, en La Terminal o ( Termópilas) nos sorprendió a Jaime Muñoz, Miguel Teja, Héctor Matuk y Fernando Fabio, un retrato retro de figurones del arte cinematográfico:

desde Elvis Presley hasta Madonna:

una pincelada cursi pero gratificante.

Celebro en fin la feliz existencia de este fascinante escaleno de la vida etílica lagunera, de la tierra tan entrañable como desentrañada que hoy miércoles -en el umbral de abril- muestra ese rostro amable y valiente a un mismo tiempo, rostro que encarna en personajes como Freddy Muñoz Jáquez, a quien habré de dedicar mi siguiente artículo.

Salucita!


gilpradogalan@gmail.com

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