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Sábado , 20.10.2018 / 23:04 Hoy

Sobre héroes y hazañas

El condenado por desconfiado

Gilberto Prado Galán

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El condenado por desconfiado es, junto con El burlador de Sevilla, la obra cimera de Gabriel Téllez, esto es, Tirso de Molina. 


La obra discurre en tres jornadas en las que los personajes protagónicos Enrico y Palo libran una batalla silenciosa y oblicua: el ermitaño piadoso –aunque la expresión bordee el pleonasmo- es advertido por Dios a través de un pastor de que su suerte en el más allá habrá de ser similar a la de su antagonista pecador Enrico. 


Éste, por su parte, es un contumaz licencioso que suma atrocidades sin cuenta: arrojó por un balcón a un marido cornudo, abofeteó a un sacerdote, incendió una casa en la que se calcinaron dos niños, persiguió con saña a los pobres, robó cálices, regentó a Celia. Por ello la amenaza de su condena es ineludible: “Tan cierto irás al infierno/como el despensero Judas”. Paulo, en cambio, ha obrado en su vida con probidad y mesura, pero al conocer a Enrico en Nápoles piensa que debe cambiar su modo de proceder y hundirse en las cenagosas aguas del pecado: “Que si Enrico al cielo fuere,/el cielo también te aguarda;/y si al infierno, el infierno”. Impelido por los ruegos de su padre Anareto el redomado perverso Enrico tuerce la órbita de su destino y en el trance final de su vida se arrepiente. En la otra orilla Paulo reincide en el mal y merece condenación eterna. Moraleja: podemos ser buenos toda la vida menos un minuto y condenarnos; podemos ser malos toda la vida menos un minuto y salvarnos. 



gilpradogalan@gmail.com

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