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Viernes , 19.10.2018 / 07:33 Hoy

Sobre héroes y hazañas

El animal neumático

Gilberto Prado Galán

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El hombre es un animal neumático. Sin el aire, el hombre desaparecería rápido de la faz terrena. La respiración, como sabemos, comprende dos grandes momentos: inspiración y espiración.

Espirar es sinónimo de exhalar. Cuando la s se trueca en x el animal muere: el hombre expiró. Un hombre respira en promedio durante un solo día 20 000 veces. De modo que al cabo de cincuenta años un hombre habrá respirado millones de veces. El aire ingresa y desciende hacia los pulmones por tráquea y laringe. El aire egresa y asciende de los pulmones hacia la boca: bronquiolos-bronquios-tráquea-nariz y boca.

El aire que sale es rico en dióxido de carbono; el aire que entra es rico en oxígeno. En los pulmones se lleva a cabo la operación fundamental de oxigenar la sangre. Esta operación se llama hematosis.

Los alveolos expulsan el dióxido de carbono y posibilitan el ingreso del oxígeno en la sangre. La sangre oxigenada, transportada por los glóbulos rojos, llega al corazón y el corazón la lanza hacia el torrente sanguíneo del cuerpo íntegro, a la infinidad de células del organismo. Mas lo increíble es que no hay tregua ni reposo en la faena respiratoria.

Siempre estamos respirando: dormidos, despiertos, hipnotizados, sonámbulos o en trance. El hombre es un animal que respira: los pulmones se llenan y se vacían cientos de veces en un solo día. Y sin el aire la vida humana es imposible.

Esta obviedad resulta, como el sitio de la misiva en el cuento “La carta robada” de Edgar Allan Poe, imperceptible en el trajín cotidiano. Es posible vivir con un solo pulmón, pero es imposible vivir sin pulmones. Estos magníficos órganos logran la transfiguración del aire, la criba del oxígeno y la salud vehicular de la sangre.

Pero los pulmones además de propiciar la vida a través del aire nos permiten hablar, cantar, reír, gritar y llorar: son los hospitalarios hacedores del frondoso árbol de las interjecciones humanas. Sin los pulmones la risa y el llanto, Demócrito y Heráclito, serían imposibles.


gilpradogalan@gmail.com

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