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Jueves , 20.09.2018 / 22:21 Hoy

Sobre héroes y hazañas

El alfiler melómano

Gilberto Prado Galán

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Definido por el diccionario como un “clavillo de metal con punta por uno de sus extremos y una cabecilla por el otro, que sirve para varios usos”, el alfiler es educado, elegante, pero nunca altivo.

Suele presidir frases que lo delatan como discreto, casi invisible: “No cabe un alfiler”; y corona expresiones que lo hacen cómplice de tareas que requieren el mayor de los esmeros para su realización: “aquel poeta escribe un soneto sobre la punta de un alfiler”.

El alfiler puede tornarse agresivo, como toda belleza intachable, si en el momento de su uso, de su mágico quehacer, quien lo manipula se distrae o minimiza su dimensión como objeto.

Al alfiler, por supuesto, no le gusta ser definido como subgénero de los clavos, como un clavillo. Y ha puesto en marcha ya un agudo programa de desagravio contra todos aquellos diccionarios que colocan, para ahorrarse tiempo en definir al enjuto general platinado, su mayestática presencia en la grosera lista de los clavos.

Ha salido a las calles de la imaginación para enarbolar pancartas que dicen: “El alfiler es más que un clavo”. Molesto con quienes lo tachan de vestir como aristócrata, el alfiler les recuerda sus usos más humildes, su infatigable voluntad de servir y, sobre todo, el verso aquel donde Ramón López Velarde lo puso a bailar con pasos de infrecuente cadencia: “melómano alfiler sin fe de erratas”.

Me han dicho que, al saber la noticia de que había sido incorporado en un poema, a pesar del pavoroso olvido en que lo teníamos los mortales, el alfiler lloró en el costurero su noche más venturosa.

Alguien había utilizado su nombre para decir que era amante de la música y que, visto sin indulgencia, no tenía palpables defectos. Además, el verso todo giraba sobre el eje del alfiler, y quería definir la perfección de la mujer que amaba el poeta.

Participaba, es cierto, de varios campos sensibles: el sonido de la música, el tacto y la vista cifrados en el alfiler y el armónico milagro de no tener desmesurados defectos.En estos años vueltos hacia la fábrica de maravillas que ha levantado el progreso, el alfiler sorprende por su callado testimonio, por su presencia y, sobre todo, por su incansable vocación de ser útil.



gilpradogalan@gmail.com

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