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Sábado , 22.09.2018 / 07:02 Hoy

Sobre héroes y hazañas

Azorín y su lámpara

Gilberto Prado Galán

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En febrero de 2001 la Secretaría de Cultura de Puebla publicó mi triple asedio a la generación del 98, un libro fraguado justo en el centenario de ese grupo de escritores que pensaron el “dolorido sentir de España”, ceñidos al célebre acrónimo ¡VABUMM!, expresión onomatopéyica que reproduce el sentido de sedición turbadora encarnado por Ramón María del Valle Inclán, José Martínez Ruiz -Azorín-, Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Antonio Machado y Ramiro de Maeztu.


El libro se intituló: La eternidad en un siglo: amor, creación y muerte en los hombres del 98. Tocaba, de refilón, la reflexión de Azorín sobre el idioma español –amo idioma- y dediqué el ensayo a mi hija Sofía, quien contaba a la sazón diez años: 


“Este libro es para Sofía Leticia, perduración de mi espíritu”.


Ahora, al tun tun, como dicen en Cuba para nombrar al invisible azar, porque ese sonido reproduce el movimiento del bastón del ciego cuando toca la vida, las cosas, encontré El artista y el estilo de Azorín: un delicioso acercamiento a las entrañas del idioma español con el énfasis puesto en el capítulo denominado “Suposiciones”, una magnífica lámpara para adentrarnos en los pasajes, pliegues y pasadizos de la frondosa selva de nuestra lengua: “Nada más que suposiciones; suposiciones en torno al idioma.


El idioma español consta de unas cincuenta mil voces. No todas están incluidas en los diccionarios. No basta diligenciar en el acervo de las voces: precisa la colaboración del tiempo”. ¡Qué hermoso el verbo diligenciar!: tramitar un asunto. 


Qué bella luz emite la lámpara de Azorín.



gilpradogalan@gmail.com

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