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Martes , 16.10.2018 / 20:16 Hoy

Y su tic tac me recuerda

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En un gesto antiguo, Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: ¿qué les pasa a nuestros políticos con los relojes? Los adoran, les hablan: buenos días, reloj de mis amores, no marques las horas porque voy a enloquecer, quén lo quere. Ah, y entre más caros, mejor. En un acto de prestidigitación, el gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes, mostraba en la muñeca izquierda su reloj durante una conferencia de prensa. Dicen los que saben que ese reloj cuesta 5 millones de pesos. De pronto Yunes bajó el brazo y lo desapareció debajo de la mesa mientras hablaba, al subirlo, cosas de la magia, y apoyarlo en la mesa, el reloj había desaparecido. ¿Quén pompó relojito, gobernador? ¿Usted? ¿Así nomás con su dinerito, así pagó 5 millones ganados con el sudor de la frente y la honestidad que lo caracteriza? Ah, qué bueno, menos mal, de pronto a Gilga le entran malos pensamientos. Juan Ignacio Zavala escribió en su periódico El Financiero un buen retrato del gobernador: “Qué marca el reloj de Yunes”.

Desatarse a tiempo

En Historias de reportero, la columna que publica Carlos Loret de Mola en su periódico El Universal, dio a conocer una imagen de los días dorados de Roberto Borge, el ex gobernador de Quintana Roo, cuando se daba la gran vida en Miami al terminar su mandato. Sentado a la mesa frente a dos platos de exquisita fruta tropical, Borge sujeta su celular con ambas manos y lo mira detrás de unos finísimos lentes oscuros.

En la izquierda, Gil se refiere a la mano, puede verse un reloj que Loret de Mola decribe así: “Un Richard Mille de carbón y oro rosado, edición especial Lotus. En internet lo cotizan en 250 mil dólares. Casi 5 millones de pesos”. Gil no sabía que existiera el oro rosado, pero ahora lo sabe. Claro, si hay oro blanco, puede haberlo rosado e incluso tinto. ¿Qué hay que tener en la cabeza para ponerse en la muñeca un reloj de 5 millones de pesos? Sí, Gilga ya sabe que hay muchos ricos, pero si eres un político enriquecido mediante el robo, la cosa ya cambea. Esa cabeza puede contener un mazacote y una adicción. Señores y señoras, Gil señala con el dedo flamígero: dedicarse en México a la política y ponerse un reloj de 5 millones de pesos es una inmoralidad. Un grito desgarrador hizo trizas el silencio del amplísimo estudio: ¡ay, mis hijos, políticos ladrones, corruptos, vulgares! ¡Qué dexestre!

El tiempo de César Camacho

Gil recordó los relojes del diputado César Camacho, antes presidente del PRI. No le dé coraje, doctor, pero sus carátulas palidecen ante las de Yunes y Borge. Gamés fue a sus archivos y encontró esto: “Los Reyes Magos le trajeron a Gamés algunos regalos poco ostentosos pero no por ello menos suculentos. Gil muestra un botón leído en su periódico Reforma. A César Camacho, dirigente nacional de Partido Revolucionario Institucional (PRI por su sigla en español), le gusta el tiempo. Le gusta tanto que tiene una pequeña colección de relojes que, como se sabe, miden el tiempo, el suyo y el de los demás. Los relojes, según ha documentado el diario de marras (gran palabra), cuestan un ojo de la cara, como decía el extinto padre de Gilga. Un Jaeger-Le Cultre, caja de oro blanco, correa de piel de cocodrilo con dial especial para las fases lunares. Costo: 645 mil pesitos. Ulysse Nardim GMT/Perpetual, caja de oro blanco con calendario perpetuo, resistencia de hasta 30 metros de profundidad. Costo: 725 mil pesitos.

“No está mal saber que el licenciado dirigente puede bajar hasta 30 metros de profundidad con su reloc (así se dice en Nueva York). A esas profundidades, las negociaciones políticas pasan como el cuchillo en la mantequilla. Ah, la perpetuidad.

“A Gamés no le asusta que Camacho se haya gastado su buen dinero en relojes, de esos Gamés tiene cuatro o cinco en un clóset. ¿No le creen? ¿Ven insolvente a Gilga? Cada quien puede gastarse los billetes que quiera en lo que le dé su regalada gana, si los ganó bien, nomás faltaba. Además, Camacho también tiene relojes más baratos, uno de 100 mil y otro de 300 mil.

“Ahora mal: ¿se ve bien que el dirigente del PRI lleve en la muñeca un reloj de 700 mil pesos? No, se ve pésimo, incluso podría interpretarse como una ofensa al cargo que ejerce en el partido y como una descomunal falta de buen gusto. Pero de qué se alarma Gil, si entre nosotros el más chimuelo masca rieles. ¿Recuerdan a Elba Esther Gordillo, a Romero Deschamps, a Napoleón Gómez Urrutia, a Martín Esparza? Diantres: este nuevo PRI parece el viejo PRI”. El doctor Camacho se quedó corto. El oro dorado. Mecachis. ¡Que dexestre!

Caracho, todo es muy raro, como diría el maestro Roberto Cantoral: Reloj, detén tu camino/porque mi vida se apaga/ella es la estrella que alumbra mi ser/yo sin su amor no soy nada.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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