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Sábado , 22.09.2018 / 19:55 Hoy

Uno hasta el fondo

Sexo olímpico

Gil Gamés

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Los días olímpicos avanzan rumbo al final. Gil siempre ha imaginado que en la Villa ocurren cosas fantásticas: el levantador de pesas de 105 kilos visita a la pequeña gimnasta de 48, muy elástica. La clavadista se lleva al río al campeón de salto de garrocha, acompañado de su instrumento, delgado y largo (no empiecen). La yudoca de peso completo jalonea al esbelto corredor de 10 mil metros. Dos gimnastas hombres desatan sus deseos en el caballo con arzones. La corredora de 400 metros planos besa de emoción a la clavadista china, menuda como un soplo. En un departamento de la Villa un boxeador colombiano, un maratonista etiope y una volibolista rusa de playa hacen de las suyas.

Dirán que la mente enferma de Gilga ha llegado al paroxismo, pero ustedes, lectora, lector y lecter qué pensarían si se enteran de que 10 mil 500 atletas se hospedan en una pequeña ciudad del deporte y además leen la noticia de que 450 mil condones se han destinado a la Villa. Ustedes pensarían lo mismo que Gilga: el aquelarre no se detendrá. Fíjense cómo el ser humano ha mejorado pese a la CNTE: en Seúl 1988 se repartieron 8 mil 500 piezas protectoras para 8 mil 391 competidores. Una cantidad vergonzosa, pacata, hipócrita. En Barcelona 1992, cuando aumentaba la cantidad de enfermos de VIH, se repartieron 90 mil condones, una cantidad menos miserable que la de Seúl, pero en ningún sentido suficiente. En Londres, finalmente, se distribuyeron 150 mil condones para 10 mil 768 atletas. Estas importantes cifras puede usted encontrarlas en la columna de Bibiana Belsasso, Bajo Sospecha, de su periódico La Razón. ¿Cómo la ven? Dicho sea esto sin la menor intención de un albur olímpico.

La sexóloga sabe

Irene Moreno le responde a Bibiana Belsasso con precisión de ingeniero: “Al hacer deporte se generan muchas sustancias placenteras, entre ellas las endorfinas, y elevan la cantidad de dopamina. Estas sustancias que generan estados de felicidad, aunadas a la adrenalina y la testosterona, que se elevan de manera muy importante al momento de tener una competencia de alto rendimiento, un desempeño más allá de lo común, implican que también hay una exacerbación del deseo sexual porque son las mismas hormonas que provocan el deseo”.

La exacerbación (gran palabra). Al fin Gilga ha comprendido por qué después de su tremendo desempeño deportivo y hormonal, es decir al cabo del ejercicio fuerte, se exacerba el deseo de reposar y dormir. ¿Va bien Gil o se regresa? Caracho, un deportista de 25 se exacerba después de hacer ejercicio, en cambio un hombre o una mujer en la madurez desean unos chilaquiles, un jugo verde y una siesta. Luego, eso sí, al despertar ocurre una explosión de endorfinas, un estallido similar al de Hiroshima. El ejemplo es desafortunado pero Gilga no encontró otro a la mano (sin albur).

La sexóloga Moreno afirma que efectivamente se trata de hombres y mujeres jóvenes “en edad altamente reproductiva, en la que también están ahí a la disposición de la vista los cuerpos, muchos de ellos altamente espectaculares, firmes, tonificados y que además están solos”. Ahí está la fórmula: cuerpos espectaculares, tonificados y en solitario: ¿usted que haría, retirarse a sus habitaciones y ponerse piyama de patas?

Sexo y competencia

La sexóloga Moreno le ha explicado a Belsasso algo importante: “es un mito que el sexo disminuya el rendimiento deportivo. Hay quienes dicen todo lo contrario, que tener relaciones sexuales antes de un evento deportivo lo que hace es relajar al deportista, ponerlo más contento, porque evidentemente sabemos que después de que tienes un orgasmo te pones más contento”. Ajá, al fin entendió Gamés por qué todos los competidores mexicanos que fueron eliminados sonreían al abandonar el sitio de la competencia. Muy contentos, muy felices con más flujo sanguíneo. “Hay entrenadores que aconsejan a sus deportistas que traigan a sus parejas sexuales con ellos antes de su competencia”. Mamo (Golde, sin albur): mañana corres el maratón, pero antes, por tu madre, uno hasta el fondo y si se pudiera, tres sin sacar, columnas inolvidables por cierto y cierta.

Medallas

Así las casas (muletilla patrocinada por amigos que le pagan los impuestos a Gil), el sexo en la villa olímpica no puede sino despertar la envidia de los mortales: altos, fuertes y rápidos; altas, fuertes y rápidas. ¿Vio usted a esos chinos clavadistas acabar con Rommel Pacheco? ¿Qué creen? Venían de un fiestón, casi llegaron en vivo al trampolín. ¿Cómo viste anoche a Chuan Hu? La coledola lusa de 400 quedalá labada en mi mente pol siemple. Solo pol eso tilalé clavalo de liez y loglalé melalla de olo. En fon: no somos nada.

Las frases de Rudyard Kipling quisieron explicar algo de los juegos olímpicos: La victoria y el fracaso son dos impostores, y hay que recibirlos con idéntica serenidad y con un saludable punto de desdén.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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