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Uno hasta el fondo

Semana mayor

Gil Gamés

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Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil veía cómo miles y miles de capitalinos abandonaban esta sucursal del infierno en busca de las vacaciones de Semana Santa. Nada más de ver las filas de coches en las casetas de cobro, Gamés sintió náuseas (varias náuseas). Se van por la sombrita, llaman cuando lleguen, no se les olvide. Consejos: cuidado con el Sol, compren protector solar de 51 grados, o como se diga; no se metan al mar con la cartera en el short porque se jodió la vacación; si se meten al mar borrachos, no solo se fastidia el viaje, sino la vida, ¿estamos?

Gamés aconseja: no compren allá mariguana; peligro, en una de ésas van a dar al tambo una temporada, y no la lleven desde aquí porque los detienen en un retén, les encuentran el guato y se enredan en el lío del siglo; no se vayan a meter de ociosos al table dance, la violencia ha convertido esos lugares de esparcimiento en purgatorios de máxima inseguridad. Y recuerden: caminar en la playa por la noche termina en asaltos y golpizas, así que no se hagan los interesantes buscando la Luna con el sonido del mar oscuro; si comen marisco, huélanlo bien, una intoxicación con camarones, ustedes lo saben, es de pronóstico reservado. Dicho lo cual, adelante: por favor, se persignan en la caseta para que vayan protegidos.

La molicie

Gamés permanecerá en la capital y en el amplísimo estudio dedicado a la molicie. Aunque tendrá tiempo de sobra, mju, no leerá ningún artículo, ensayo o crónica sobre Liópez, mucho menos sobre Anaya y menos sobre Meade. Unos días de descanso. Ahora mal sin bien, Gilga no le dedicará tiempo, ni un minuto, pero ni uno, a la pasión de Jesucristo en Iztapalapa, una tradición que nada tiene de interesante, como no sea el salvajismo y embrutecimiento de los habitantes de esa delegación, oh, sí.

El mártir

Por cierto, Gamés en estos días buscará en la televisión, como lo hace todos los años, un clásico de clásicos: El mártir del calvario: la verdad es que de todos los cristos representados, Gil se queda con la creación inolvidable del actor mexicano Enrique Rambal. En estos días programarán esa peculiar pasión dirigida en 1952 por Miguel Morayta. Consuelito Frank y Manolo Fábregas actúan para la eternidad (bueno, es un decir) los papeles coestelares de esta película inolvidable en la que Jesús habla como abarrotero de los años 50, un gachupín extraordinario: en verdad oz digo, dice ese Jesús cuando fustiga a los comerciantes y los expulsa del templo: en verdad oz digo (gran frase que utilizará Gamés para revelar misterios).

Ese Cristo actuado por Rambal no tiene desperdicio, la escenografía de cartón piedra es producto de una mente genial, la resurrección entre rayos y centellas es uno de los momentos cinematográficos más extraordinarios de la historia del cine. No se la pierdan.

De perdida

Si la lectora y el lector tienen mala suerte solo podrán ver en la televisión El proceso de Cristo, dirigida en 1955 por Julio Bracho, con Enrique Rocha en el piadoso papel de Jesús y acompañado por María Teresa Rivas y Andrea Palma.

Para combatir el desasosiego producido por la Semana Santa, Gamés recurrirá a sus dones culinarios. Gilga abandonará la inacción, atravesará con paso ágil el amplísimo estudio y se dirigirá a la no menos amplísima cocina de muebles integrados. Ataviado con su gorro de chef y su mandil reluciente de blanco, como si caminara por el Monte de los Olivos, Gil preparará una zarzuela de mariscos. Los camarones, el langostino, el pulpo, la almeja viva, los percebes y el ostión a fuego lento y en fragantes aceites de olivas con fino vino blanco. En verdad oz digo. Esténse. Todo saldrá bien; no lo duden, aún no hay nada decidido.

Todo es muy raro caracho, como diría Anatole France: El azar es el pseudónimo de Dios cuando no quiere firmar.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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