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Sábado , 23.06.2018 / 11:19 Hoy

Uno hasta el fondo

Se habían vuelto locos

Gil Gamés

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Cerraba la puerta una de las semanas más negras que Gilga recuerde en su vida. La ciudad fue lastimada (ah, una voz pasiva) por el terremoto del martes 19 de septiembre en diversas zonas, tan lejanas unas de otras como Lindavista y Coapa, esa ciudad jodida vivía en el silencio, a la espera de un distinto amanecer. Gamés caminó una vez más por las colonias Roma y Condesa: el daño fue enorme, no solo por los edificios caídos y los inhabitables, sino por el éxodo. En cada cuadra, cada manzana, personas con maletas abandonaban la zona cero; otras familias hacían la mudanza y dejaban atrás el desastre como un mal sueño. Cada mañana los daños aumentan, los edificios se rompen un poco más, el Ejército acordona una nueva banqueta. La tarde del domingo, la colonia Condesa se puso encima la tela de los fantasmas, los restoranes semivacíos atienden en silencio a sus comensales, la vida sigue, a rastras.

Los rescatistas y jóvenes siguen en los derrumbes y los puestos de acopio mientras cae la tarde y la noche, se envuelven las calles de polvo. Las colonias Roma y Condesa han recibido un golpe severo en el alma de su vida loca: la caída comercial, los inmuebles dañados, los edificios caídos, el público a salto de mata para no volver. Mientras caminaba por esas calles, Gil veía los edificios que sufrieron daños y se preguntó: ¿cuándo, en qué momento se construyeron estos edificios de 10, 11, 15 pisos en una zona sísmica? Gamés no se refiere solamente a las construcciones más recientes, también algunas viejas. Nadie supo medir las consecuencias: edificios, cientos de edificios, la especulación inmobiliaria. Somos eternos y queremos grandes negocios, muy grandes.

La locura, la codicia

Hubo un toque de locura en el crecimiento de la Condesa y la Roma después del sismo de 1985, cavila Gil. Una gran zona comercial expandía sus sueños sin regulación suficiente, un gran negocio inmobiliario avanzaba entre corruptelas, el sobrecupo definió la moda de un barrio mientras se construían edificios, los cárteles de la droga se peleaban los bares y las cantinas, los viene-viene mandaban en las calles, los acomodadores se adueñaban de los camellones.

Un departamento de 180 metros cuadrados podía rentarse en 35 mil pesos al mes; un departamento de 180 metros podía costar 8 millones de pesos. La fuerza de la naturaleza, por desgracia, ha puesto en sus lugar esa locura impensable. Miles de personas querían vivir en la Condesa y en la Roma, a cualquier precio; ahora se van despavoridos. No es para menos. Quizá se repita la historia y después del sismo de 2017, cuando el dolor se olvide, todo empiece de nuevo de la misma forma absurda e irregular. Quién sabe. La noche luminosa de estos barrios ha dado lugar a la oscuridad y al silencio. Después de 15 años de esplendor, a estos barrios se los ha llevado de momento el terremoto.

El otro desastre

Un sismo de gran intensidad se ha sentido en la vida política. El terremoto ha demostrado, por si hiciera falta, que los políticos actúan en un mundo raro, lejos de la sociedad que gobiernan, o dicen gobernar. Los partidos políticos se arrancan pedazos de la piel presupuestal con que se les premia cada año por hacer nada de nada y se arrojan al rostro los trapos sucios del dinero que se gastan en basura electoral (caracho, Gil, empieza a escribir como un articulista de esos que siempre están muy enojados con todo el mundo, menos con ellos mismos).

Por cierto y así las casas, Gilga no oye nada del Grupo Higa. Al menos deberían donar un pedazo de los muchos contratos que han conseguido con el Estado de México y el gobierno federal. Anden no sean tímidos, se aceptan donativos, aunque sean del Grupo Higa. ¿Nada? ¿No se oye nada por allá? En fon.

Gilga considera que los avances en prevención han sido considerables, sin lugar a dudas. El director del Centro Nacional de Prevención de Desastres, Carlos Valdés, ha sorprendido a Gamés: un funcionario articulado y sensato, inteligente y sereno, informado y solidario. Gil no sabe mentir, ese personaje existe, Gilga no lo conoce, solo se refiere a él por las tres veces que lo ha visto intervenir después del terremoto.

Todo es muy raro, caracho, como diría André Maurois: Si no quieres ser desgraciado trata a las catástrofes como melositas, pero de ninguna manera a las molestias como a catástrofes.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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