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Domingo , 24.06.2018 / 17:51 Hoy

Uno hasta el fondo

Se arregla bejuco

Gil Gamés

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Gil oyó con los ojos de plato y plata (sí, a veces Gamés oye con los ojos y eso nada tiene de malo) a José Antonio Belmont, reportero de MILENIO, la narración pormenorizada de la primera audiencia de Javier Duarte, ex gobernador de Veracruz, mejor conocido como Javier “N”, alias Javidú o Gordo Goloso, ha sido ejemplar. Energético, como si se hubiera comido a puños una caja de chocolate negro corazón de arándano, Javidú zarandeó a unos fiscales que las autoridades fueron a sacar de entre los hombres que ofrecen sus servicios afuera de Catedral: “Abogado especialista en casos de lavado de dinero y crimen organizado”. El resultado de todos conocido ha sido uno de los grandes numerazos de que tenga noticia la Procuraduría General de la República, y miren que tenemos para dar y repartir: con 12 preguntas, el Javidú puso en jaque a los fiscales encargados de realizar las imputaciones. Del desvío de 438 millones, solo quedaron 38: “Por el momento son los únicos recursos”, dijo uno de los fiscales, el señor Pedro Guevara Pérez, director general de Procesos y Amparos en Delitos Federales.

Desastre

El Gordo Goloso demostró también que los fiscales no conocían el número de terrenos que fueron adquiridos con dinero público en Campeche y advirtió una contradicción de la PGR relacionada con la supuesta compra de cuatro departamentos en Ixtapa. ¿Campeche? Cuáles terrenos, compañero fiscal, eso está lejos, ¿y está bonito por allá? Gilga considera seriamente la posibilidad de que, en una terrible confusión, en lugar de contratar abogados a las afueras de Catedral, los asesores hayan traído a los que arreglan bejuco. Solo así puede explicarse el ridículo, la vergüenza, la ineptitud, la irresponsabilidad, la inverecundia de estos fiscales. Ne memen.

Gil pregunta si la ocasión no ameritaba la imperiosa necesidad de un equipo de fiscales de primera línea que después de muchas sesiones de trabajo supieran de memoria las imputaciones, las cifras, los terrenos, los departamentos y todo lo que un abogado en toda la forma debe saber del caso que le ha sido asignado. No somos nada; o sí, somos incapaces.

Gilga se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: ¿qué pensará el procurador Cervantes, candidato número uno a la fiscalía anticorrupción? ¿Qué pensará el presidente Peña? Por cierto y cierta: el abogado de Javidú, Marco Antonio del Toro, ha defendido a Elba Esther Gordillo y a Napoleón Gómez Urrutia. ¿Cómo la ven? Dicho sea esto sin la menor intención de un albur jurídico.

El negocio educativo

Según Gamés, la noticia apareció en los periódicos, pero no tuvo el eco que deben tener los grandes escándalos. Gil lo leyó en su periódico MILENIO en una nota de Rafael Montes: el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, informó que tras una revisión en todas las escuelas del país con la ayuda de los gobiernos estatales se recuperaron 44 mil 76 plazas de maestros que no estaban ocupadas y aún así se les pagaba un salario que en total ascendía a 5 mil millones de pesos al año. ¿Estamos locos? Sí, pero además de locos somos cómplices, pues se permitió que la hidra de la corrupción creciera sin medida. De verdad, a veces Gil cree que esto es una locura de manicomio. Maestros, sindicatos, gobiernos, partidos, todos metidos a la danza de los millones, en fon.

Oigan esto antes de que pasen al trabajo fecundo y creador: de las 44 mil plazas, 14 mil 900 eran maestros que estaban cumpliendo con funciones administrativas y que han vuelto a clases; 17 mil 262 maestros eran docentes con alguna comisión sindical y por lo mismo no debían gozar de sueldo, por lo cual se les dejó de pagar el salario que devengaban por hacer nada; mil 361 plazas correspondían a maestros que se habían dado de baja y seguían cobrando y se les suspendió el pago. En 10 mil 553 plazas no se encontró a los maestros, por lo que se dio un plazo de mes y medio para que aparezcan, de no ser así serán puestas a disposición de concurso.

Ahora mal sin bien: el Javidú o Gordo Goloso desvió miles de millones de pesos; los maestros traían un negocio de 5 mil millones de pesos al año, en seis años, 30 mil, si Pitágoras no se equivoca, que siempre se equivoca. Ne memen, y luego salen a las calles a protestar. Gil no de crédito y cobranza.

Caracho, todo es muy raro, como diría Baltazar Gracián: Es desgracia habitual en los ineptos la de engañarse al elegir profesión, al elegir amigos, al elegir casa.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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