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Sábado , 18.08.2018 / 08:15 Hoy

Uno hasta el fondo

Números, pobres y Samarra

Gil Gamés

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Por la disputa entre el Inegi y el Coneval, Gil no sabe si es pobre o es rico y eso le ocasiona un ataque de ansiedad. Una mañana se considera un rico árabe, otra se ve a sí mismo en condiciones de pobreza si no extrema, al menos media. El coordinador del PRD en el Senado, Miguel Barbosa, afirma que la confianza en la medición de la pobreza está dañada. No le falta razón al senador, en estos días hemos recogido los pedazos de credulidad del piso en el cual se estrelló el plato de las estadísticas.

El lugar de la certidumbre lo toma entonces la confusión. ¿Qué es un pobre? Gilga lo ignora. Javier Duarte, el todavía gobernador priista de Veracruz, ¿es un hombre pobre? Sepa la bola; se sabe, eso sí, que es un hombre austero que con los ahorros de una vida compró dos casitas de interés social y tres coches en cómodas mensualidades, eso figura en su declaración patrimonial. Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: ¿existe la posibilidad de que Carlos Slim nos haya engañado y en realidad sea desde siempre un hombre muy pobre? Ya nadie sabe nada. Por eso Hemingway decía que un rico es diferente al que no lo es pues tiene más dinero.

Gilga ha leído las contribuciones de Ricardo Becerra sobre el asunto de todos conocido, pero de muy pocos entendido (ido-ido). El Inegi publicó los resultados de una encuesta muy importante para medir la pobreza (y la riqueza del país): “de repente y sin avisarle a nadie, el Inegi desplegó ese ejercicio el año pasado (año non) y lo más importante: cambiando ciertas preguntas y la metodología del levantamiento. ¿Resultado? Pues que los ingresos de los pobres se dispararon para arriba de manera espectacular”.

Desaparecer a un pobre

Así las casas (muletilla pagada por los contratistas, muy pobres, de grupo Higa), el Coneval puso el grito en el cielo. El daño estaba hecho, afirma Becerra: “Tres décadas de captar datos y cifras de aquí y de allá, millones de cifras y análisis de diverso tipo, México parecía haber superado la discusión sobre la medición de su pobreza”. Con naturalidad se abrió el frasco de las suspicacias: un penetrante olor a sospecha invadió el amplísimo estudio.

Comuníqueme con Meade: ¿José Antonio? Se dice que escondiste una cantidad nada despreciable de pobres en el amplísimo clóset de tu no tan pobre casa. ¿Es verdad que en Sedesol brindaron con champaña cuando se enteraron de que los pobres no eran tan pobres? La pobreza, se sabe, es una proyección de las mentes más pesimistas del país. Así las casas, otro posible precandidato del presidente Peña ha rodado por los suelos. Hay un método infalible para acabar con la pobreza: cerrar los ojos. El que haga ese movimiento notará de inmediato cómo desaparecen. Conclusión: Gil ignora si es pobre o si es rico. En fon.

Claudio en libertad

Un pájaro de cuenta, un golpeador, un narcomenudista, un invasor, Héctor González, capo de la Asamblea de Barrios, fue aprehendido y luego puesto en libertad, pues el delito por el cual se le acusa no es considerado grave y puede obtener su libertad con una fianza. Y va y viene este rufianazo por las calles: no sería una exageración de la menta y mente de Gil pensar que así enfrentará su proceso este delincuente: coordinando invasiones, golpeando enemigos, haciendo negocios turbios. La ley y esas cosas, ni pex. ¿Cómo se llama cuando un peligro para las calles de la ciudad, un delincuente capaz de hacer y deshacer, obtiene su libertad y trabaja en sus asuntos sin que nadie le estorbe? Gil lo ignora. ¿Lo ignoran también las autoridades de Ciudad de México? En fon.

Narvarte

Un año después del multihomicidio de la colonia Narvarte, un grupo de 200 personas protestó a las afueras de la procuraduría capitalina. Alma Espinosa, hermana del fotógrafo asesinado, arengó a los asistentes y afirmó que el caso ha sido desatendido.

Según Gil y las notas de los diarios y los informes de la procuraduría, el caso está más que resuelto. Una tragedia criminal con tres asesinos confesos. Eran dos novelas la de los asesinos que buscaban a Mile, una chica colombiana y, al parecer, metida en negocios de drogas, y la de los amigos que se encontraban en ese lugar. La protesta no regresará a los muertos y a las muertas.

Gamés resume una parte de esta tragedia en esta historia que se llama La Muerte en Samarra y que García Márquez resumió en unas cuantas palabras del siguiente modo. Aquí va:

El criado llega aterrorizado a casa de su amo.

—Señor —dice—, he visto a la muerte en el mercado y me ha hecho una señal de amenaza.

El amo le da un caballo y dinero, y le dice:

—Huye a Samarra.

El criado huye. Esa tarde, temprano, el señor encuentra a la muerte en el mercado.

—Esta mañana le hiciste a mi criado una señal de amenaza —dice.

—No era de amenaza —responde la Muerte— sino de sorpresa porque lo veía ahí, tan lejos de Samarra y esa misma tarde tenía que recogerlo allá, en Samarra.

Gilga piensa que esto fue lo que le ocurrió exactamente a Rubén Espinosa el día del crimen en la colonia Narvarte: Samarra en su destino.

La máxima de Charles Chaplin espetó dentro del ático de las frases célebres: Existe algo tan inevitable como la muerte: la vida.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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