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Domingo , 21.10.2018 / 04:14 Hoy

Uno hasta el fondo

Mundo difícil

Gil Gamés

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Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leyó la frase más cierta de la temporada: “el mundo es muy difícil”. Esta verdad de cien kilos la dijo Luis Goytisolo, Premio Carlos Fuentes. Ocho días después de que el presidente Liópez le escribiera a Donald Trump, éste le respondió al virtual mandatario electo. Dirán que la carta es muy amable, comprensiva, optimista, pero entre que sí y que no, el presidente de Estados Unidos le tronó los dedos al de México: “…una renegociación exitosa del TLCAN nos guiará a más empleos y mejor pagados para los empleados mexicanos y estadunidenses, pero solo si lo podemos hacer rápido, si no tendré que elegir un camino distinto”. De paso, Trump palomeó las cuatro prioridades que el presidente Liópez le contó al presidente Trump. No deja de ser paradójico que fuera La Jornada el periódico que cuestionó la carta a Trump: “Resulta positivo el ejercicio de la transparencia que significa hacer pública la carta, pero esta tiene aspectos cuestionables, como el hecho de que el vencedor en los comicios presidenciales del pasado primero de julio le exponga al mandatario del país vecino algunos de los planes de desarrollo que piensa aplicar cuando asuma la titularidad del gobierno federal (…) a año y medio de que el magnate neoyorquino asumiera el cargo, se ha hecho evidente que sus actitudes prepotentes se incrementan en forma proporcional a las concesiones —e incluso los gestos conciliadores— de sus interlocutores”.

Gilga no solo está de acuerdo con el editorial de La Jornada, considera además que Marcelo Ebrard debe hacer una ampliación y pegarla en la oficina presidencial, es decir en la escalera de la casa de campaña, lugar desde donde en este momento se está decidiendo el futuro de México.

Extravagantes

Somos muy raros: la Independencia ocurrió con un estandarte de la virgen de Guadalupe al frente; la Leyes de Reforma se cumplieron derruyendo templos y conventos; la Revolución pasó a la historia con un desayuno en Sanborns, y la Cuarta Transformación ocurrirá en una escalera.

En esa escalera se dieron a conocer siete proyectos prioritarios (pro-pri) de infraestructura que le dan mareos a Gamés y espera que administre del mejor modo Carlos Urzúa, próximo secretario de Hacienda, pues requerirá recursos fiscales. Urzúa debe levantar piedras y encontrar dinero para el tren México-Querétaro, las refinerías, feria para los viejitos, morlacos para los jóvenes, varo para la creación de 100 universidades y en fon. Gil no podría saber de esto ni de broma, por eso lee todos los días a Enrique Quintana y se roba de sus “Coordenadas” todo cuanto puede. Perdone, maestro Quintana, pero su columna es muy buena y muy robable.

La opinión que Gilga ha recogido en selectas mesas de Urzúa son inmejorables, pero, escribe Quintana, no es mago. Así las casas (muletilla patrocinada por el nunca olvidable Grupo Higa), Urzúa tendría que incurrir en mayor déficit público. Un grito desgarrador hizo añicos el silencio del amplísimo estudio: ay, mis hijos deficitarios soñadores.

Palazuelos

Una tableta de frivolidad nunca sobra. Roberto Palazuelos no es un joven, su edad suma 50 años, tampoco es un actor aunque aparece en historietas infumables de televisión, les llaman telenovelas. Palazuelos fue amigo de Luis Miguel y parte de su amistad quedó inmortalizada en la serie del Sol. La revista (es un decir) Clase de su periódico El Universal entrevistó a Palazuelos en su mansión de Cancún. Dice cosas este hombre que ha regresado a las noticias de la farándula gracias a Luis Miguel. Por piedad, óiganlo: “Siempre he sido empresario, gracias a Dios, y eso me da la tranquilidad de poder trabajar cuando yo quiera, y si yo no salgo en la tele es porque no quiero. Al cumplir 50 años me doy cuenta que la vida se va muy rápido, me encanta una canción de Julio Iglesias que dice: ‘De tanto correr por la vida sin frenos, me olvidé de vivir’. Y yo la verdad es que corrí sin frenos buscando ser más famoso, buscando ser más rico, más exitoso en todos los ámbitos y me olvidé de vivir. Ahora vivo con mucha tranquilidad, estoy construyendo ya mi quinto hotel en Tulum, será el último que hago, voy a dejarle un par a Roberto (su hijo) y a vender los otros, quiero meter unos 50 millones de dólares al banco y dedicarme a viajar y disfrutar la vida”.

Pas mal. Sus buenos 50 millones de verdes en el banco. Gil se pregunta quién es el padre de Palazuelos, porque con los 20 de IQ que se carga, un dedo de frente, no se da contra los muros de milagro. Qué tontos son los tontos. Y qué ricos son los ricos. En fon.

Todo es my raro, caracho, como diría José Ortega y Gasset: “Evitemos suplantar con nuestro mundo el de los demás”.

Gil s’en va

 gil.games@milenio.com

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