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Jueves , 18.10.2018 / 11:43 Hoy

Uno hasta el fondo

Megalomanía, tacos y sopes

Gil Gamés

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¿Delirios de grandeza o grandeza de delirios? A medida que el tiempo pasaba y la entrevista con un grupo de directivos y colaboradores de su periódico MILENIO transcurría, Gil se envolvía en esta duda y ponía los ojos en blanco como cuando un líder posee el alma de sus seguidores. Por cierto, no se lo tomen a mal a Gamés los morenistas, pero a Liópez le sobran unos kilos, si sigue comiendo sopes, gorditas y tacos con el pueblo bueno y luego gana la elección tendremos presidente gordón (ón-ón). Luego empiezan los problemas del colesterol y la ateroesclerosis, Dios no lo quiera. Que Gilga recuerde, Liópez sería el único presidente que no corra en las mañanas, solo algo de beisbol, si acaso.

Pero dejemos las frivolidades, Liópez se definió así frente a un grupo de directivos y colaboradores de MILENIO: “Soy republicano, soy demócrata, soy legítimamente ambicioso, soy honesto, soy pacífico, soy consecuente, soy libre, soy congruente, soy respetuoso, soy amplio, plural e incluyente, no meteré a Peña Nieto a la cárcel; seré como Benito Juárez, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas, hombre de nación; me pueden llamar Peje, pero no soy lagarto; sin ego, soy Andrés L(i)ópez Obrador”.

¡Arroooz! ¿Cómo les quedó el ojo? Liópez podría decir como el gran Mauricio Garcés: yo no soy presumido, pero de qué sirve mi humilde opinión contra la de los espejos. Gamés musical no soportó la tentación y cantó: soooy tan hermoso, ya lo ven/ soy tan precioso, yo lo sé / soy primoroso, bello, lindo, soy gracioso. Liópez se ha quedado corto y ustedes lo saben, le faltó añadir atributos: buen padre, mejor esposo, cocinero de antología, orador impar, amigo excepcional, gran beisbolista, dirigente grandioso; sin ego, un ser humano excepcional. Ninguno de los entrevistadores le preguntó si consideraba que su personalidad podría tener algún defecto. Liópez habría contestado: con todo respeto, no.

Breve recuento

Todo es muy raro caracho: el republicano no cree en la división de poderes; el demócrata nunca ha aceptado una derrota; el legítimamente ambicioso ha sido elegido presidente en una asamblea a mano alzada; el hombre honesto nunca ha explicado de qué ha vivido los últimos 20 años; el pacífico dice que si no gana no detendrá al tigre; el consecuente unió a su partido con el PES, partido evangélico y confesional; el respetuoso ha insultado a diestra y siniestra a sus adversarios políticos; el amplio y plural acusa a todos aquellos que no piensan como él de ser parte de la mafia del poder; el incluyente hizo candidato a senador a Napoleón Gómez Urrutia, a Cuauhtémoc Blanco candidato a gobernador y recibió entre sus filas a la familia de Elba Esther Gordillo. ¿Cómo la ven? Dicho esto sin la menor intención de un albur sencillo y modesto.

Ahora mal sin bien: la posibilidad de que Liópez pueda ser Juárez es cercana a cero, se lleva demasiado bien con el clero, es candidato de un partido de mochos impresentables; de Madero mejor ni hablemos, el mártir terminó mal y el primer experimento de la democracia mexicana terminó en un baño de sangre; y de don Lázaro, qué decir, Liópez tendría que inventar algo similar al corporativismo. En cambio, Gamés cree que podría decir así: sin ego, seré cómo López Mateos, Díaz Ordaz, Echeverría y López Portillo. Qué, cada quien sus modelos, nomás faltaba.

El gran movimiento

Gil cita a Liópez: “Ha habido tres transformaciones: Independencia, Reforma, Revolución mexicana, hace cien años, vamos a llevar a cabo la cuarta transformación”. Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: ¿cómo llamar a la cuarta transformación: el Liópezato, la Liopada, Liópezportillato, Liopezmateísmo? Un grito desgarrador hizo añicos el silencio del amplísimo estudio: ay, mis hijoos, megalómanos de taco, sope y pozole.

Oigan esto, por piedad, y si tienen un cuartito de Tafil, háganselo llegar a Gamés, o ya de perdida dos gotas de tetrahidrocanabidiol: “Vamos a los egos: por el número y las convicciones de los que participan, no hay un movimiento en el mundo como el que estamos impulsando, que busque una transformación, por la vía pacífica con tanta gente”. De verdad, Gil no comprende la modestia de Liópez. ¿Hablamos del mundo? ¡Por Dios, Liópez! No sea usted un candidato tan modesto, hablemos del universo. Allá donde está Stephen Hawking, el movimiento de Morena entra a un agujero negro y regresa con votos a mansalva. Gil cree que Liópez necesita ver más bax.

Epicteto de Frigia: He aquí una hermosa frase de Agripino: Jamás seré un obstáculo para mí mismo.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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