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Martes , 14.08.2018 / 11:31 Hoy

Uno hasta el fondo

Los petistas y su gran santo

Gil Gamés

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A Gil se le cuecen las habas por conocer la reacción de Liópez ante los dichos y dichas del petista Óscar González la víspera en que dio a conocer su declinación a favor del candidato Andrés Manuel Liópez Obrador, o de su Juanita Delfina Gómez. Su periódico MILENIO publicó una versión en papel y otra en una grabación, fragmentos expuestos en el noticiario televisivo de Azucena Uresti. La política, esa máquina de producir fango. Gamés no se asusta, faltaba más, pero caracho: “Nosotros le mandamos una carta el 12 de enero en donde le planteamos que había que ir juntos. Nunca nos contestó. Después nuestro compañero amanece con ánimo aliancista, amanece así como con ánimo elbista, otro día amanece con ánimo, ya con su alianza de Ricardo Salinas y con Reforma, y no es posible tener una relación así tan inestable. Nosotros hacemos política, no andamos a las ocurrencias, no andamos viendo a ver qué se le ofrece”.

Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: no exageremos, eso de que el PT hace política suena a chiste de Pepito. Maestra: dice mi papá que el Partido del Trabajo hace política, y así. Los petistas nunca han hecho política; negocios, sí, desde que Raúl Salinas recibió la encomienda de crearlo. O qué, ¿ya perdimos la memoria? Pero no nos desviemos y prosigamos con el sincero y no por eso menos estratégico documento en que se convirtió la alocución de Óscar González, el declinante, el hombre a quien Liópez levantó el brazo en señal de victoria. Un grito desgarrador se oyó en el amplísimo estudio: ay, mis hijos, codiciosos dos caras.

El que sabe, sabe

González: “Lo voy a decir de una manera simple, no me vaya a pasar de repente ahora que lo veo aliado con Salinas Pliego, con Reforma, con Zedillo, ojo, aliado con Zedillo, aliado con Elba Esther, aliado con Isidro Pastor, un personaje de imagen perversa en el Estado de México, era el gran operador político de Arturo Montiel. No nos vaya a pasar lo que a la puta gallega, que se suicidó cuando se enteró que las demás cobraban. Pidámosle a Dios y a la vida que no nos vaya a pasar eso”.

Gil abandonó el mullido sillón y caminó sobre la duela de cedro blanco mientras cavilaba: lectora, lector, olvide si lo que dice González es o no es cierto, reparen por piedad en lo que este González pensaba cuando Liópez le dio la bienvenida en un estrado. Pero Liópez es un gallo muy jugado y sabe que González sabe que él sabe que es un granuja de poca monta. Y Liópez sabe que González sabe que es un autoritario de película. Todos saben. Caracho que lío y todos se juntan en una alianza contra las porquerías del PRI. Mju. Pollos, chivos, cochinos, cerdos marranos, diría Liópez. Por cierto, muy bonito el autorretrato de la puta gallega. Sobre todo muy fino, pleno de conceptos luminosos. Es que de veras.

Más conceptos

La pena ajena se adueñó del amplísimo estudio mientras Gil seguían leyendo: “(…) por eso yo le reclamo públicamente a Andrés y le digo pinche Andrés y le digo a Andrés, pinche Andrés, no se vale cabrón. Se la pasa inventando rupturas en el estado. Le pone la chamarra a un cabrón del PT y les dice: los del PT ya jalan. No sé ni quién madres es y el pocos huevos, porque así le puedo decir a Andrés, yo sí le puedo decir a Andrés, no sé los compañeros, yo sí, el pocos huevos no se atreve ni a decir mi nombre, porque él sabe todo el apoyo histórico que le hemos dado”.

Gil intentó resumir los argumentos de González en algunas frases de táctica política: le digo, me dice, le digo, me dice el pocos huevos, o al revés volteado. Huevos poché. Gil hesita: ¿qué le habrá ofrecido Andrés a González para que la ira se tornara en amistad y admiración. Porque las conversiones nunca son gratuitas. Gamés se devana los sesos, pero no da y no da. A Gil se le cuecen las habas por conocer la respuesta de Liópez. ¿Un compló? ¿Un miembro de poca monta de la mafia del poder? ¿Pollos, chivos, cochinos, marranos, cerdos? Dios de bondad.

Hazlitt: El único vicio que no puede ser perdonado es la hipocresía. El arrepentimiento del hipócrita es la hipocresía misma.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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