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Miércoles , 16.01.2019 / 23:48 Hoy

Uno hasta el fondo

Lo malo cuenta y cuenta mucho

Gil Gamés

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Gil no da crédito y cobranza. Se les llama carpetas de investigación, cada crimen, cada caso, una carpeta. Las fiscalías estatales abrieron 93 mil 659 por homicidios dolosos entre diciembre de 2012 y octubre de 2017. En el sexenio de Calderón se abrieron 83 mil 573. En el gobierno de Peña Nieto los homicidios aumentaron 16.3 por ciento. El mes de octubre superó todas las marcas de sangre que se recuerden. Junio de 2017 sumó 2 mil 238 asesinatos; octubre, 2 mil 371. Si se sostiene la tendencia, el año 2017 será el más violento, pues podría acumular hasta 25 mil asesinatos superando el año de 2011 que sumó 22 mil 855 homicidios dolosos. En buen español: en México hay una matazón que no cesa, más bien crece sin control. Una masacre de miedo.

¿Quién podrá detener el tiroteo? Al parecer nadie. Las policías no sirven, las han comprado, el Ejército toca un extremo de inconformidad peligrosa, los gobernadores no asoman ni la nariz, los corruptos campean, los presidentes municipales se venden al mejor postor o mueren a balazos, hay pueblos completos bajo el mando de jefes narcos. Un desastre. Guerrero, Baja California, Edomex, Veracruz y Chihuahua se encuentran bajo fuego. No hay que ser un especialista en seguridad para saber que no hay una estrategia, como no sea capturar capos e intercambiar balazos con las bandas violentas que van y vienen con gran libertad por el país. Pobre Gamés, la frente perlada le indujo pensamientos nefandos: ¿dónde termina esto? ¿No tiene fin? Sigan disparando, no dejen. La guerra civil va. Es que de veras.

Piedras Negras

El informe del Colegio de México presentado por Jacobo Dayán y Sergio Aguayo, “El Yugo Zeta. Norte de Coahuila, 2010-2011”, le pondría los pelos de punta al más bragado de los criminales. El penal de Piedras Negras, un infierno bajo el mando de Los Zetas, era (o es) utilizado como casa seguridad, cámara de tortura, centro de desapariciones forzadas, cadalso, burdel, purgatorio. El jefe del reclusorio, cuenta Héctor de Mauleón, Ramón Burciaga Magallanes, El Maga, operaba como jefe nombrado por Los Zetas.

Eran los años en que gobernaba Humberto Moreira, quien insiste en que nadie le ha comprobado nada en relación con Los Zetas. La cárcel, un pudridero en el cual los celadores no traían armas y Los Zetas usaban radios de comunicación y armas largas. Gil lo leyó en Animal Político: El Maga imponía hábitos siniestros: seleccionaba a las esposas, hermanas o hijas de los internos para tener relaciones sexuales; disparaba a los guardias de las torres por diversión o golpeaba a los internos que eran homosexuales.

Los Zetas tenían una cárcel dentro de la cárcel y servía para retener ahí a los secuestrados. El reclusorio era uno de los cinco o seis lugares habilitados en Piedras Negras para las ejecuciones y la desaparición de cuerpos. El informe dice que las personas llegaban vivas, las mataban y las cortaban en pedacitos. El reclusorio también era un centro de fiestas, cuenta el documento de Animal Político. En ocasiones llegaban jefes grandes y hacían fiestas que duraban días. Llevaban vacas y las mataban dentro del penal para que toda la raza comiera. El jefe de la cárcel autorizaba la salida del penal de algunos zetas para comprar cervezas, visitar a sus familias.

Los Moreira, uta

Lectora, lector, todo esto y mil cosas más ocurrían en el penal de Piedras Negras. Gil pregunta, no sin el grillete de la obviedad: ¿es posible que el gobernador no supiera de este lugar dedicado al crimen? ¿El Macalacachimba Moreira ignoraba esta locura digna de una serie de Epigmenio Ibarra? Por cierto, las series, las telenovelas, así se llamaban antes, de Epigmenio tienen un magnetismo notable. Los jitomatazos se estrellan en los muros, pero es la verdad. Gil no piensa como Epigmenio, pero sería mezquino negarle su fuerza expresiva. Entonces: ¿el gobernador podría ignorar lo que ocurría en el penal de Piedras Negras? Ese señor, recuérdenlo, fue el presidente del PRI, por cierto, dice Gil, por si fuera necesaria la memoria. Los Moreira, la catástrofe, el cinismo, la sinvergüenza.

Todo es muy raro, caracho. Como diría Marshall Mc Luhan: La indignación moral es la estrategia para dotar al idiota de dignidad.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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