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Lunes , 15.10.2018 / 13:12 Hoy

Las bolas y el engrudo

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No empiecen, no hay en este título albur pegajoso. Alto. Apenas había terminado su contribución aparecida en esta página del directorio cuando Gil leyó en su periódico MILENIO estos números de escalofrío de la violencia durante los primeros días del año: en Baja California, 34 asesinatos; en Guerrero, Petatlán, dos mujeres y dos hombres degollados; en el Estado de México, Morelos y Oaxaca, 19 homicidios. Según su periódico Reforma, el inicio del año ha sido violentísimo: el domingo, más de 60 personas murieron. En Chihuahua fueron asesinadas 16 personas entre el domingo y el lunes, incluido un regidor priista del municipio de Balleza, en la sierra Tarahumara.

Por cierto, Gil vio al gobernador de Chihuahua en Ciudad de México en pie de guerra contra la Secretaría de Hacienda y el presidente Peña. Le dirán a Gilga hasta de lo que se va a morir, pero por esta ocasión coincide con el precandiato Meade: Corral denuncia una venganza federal que despoja a Chihuahua de 700 millones de pesos. Oiga, gobernador, psst, psst, convendría que se encargara de su otra guerra, la que tiene a su estado en llamas. ¿O de plano nada hay qué hacer más que contar los muertos, recoger cabezas, cavar fosas? Es que de veras. Mucha protesta, mucha indignación y ni una palabra de la violencia. ¡Qué dexestre!

Ante este panorama durante la batalla, la declaración de Liópez de que en tres años él personalmente puede terminar con la guerra y las comisiones declarativas de Meade sobre el talante y el valor de Calderón dejan a Gilga tendido en la duela de cedro blanco. El Joven Maravilla guarda silencio. Trascendió que muy pronto presentará al Hombre Murciélago como encargado de seguridad de su gobierno en el caso de que ganara la Presidencia. Un grito desgarrador hizo trizas el silencio del amplísimo estudio: ay, mis hijos, candidatos parlanchines sin nada qué ofrecer.

¿Y yo por qué?

A Liópez se le hizo bolas el engrudo. Parecía arreglado el asunto: Fausto Vallejo, el pájaro de cuenta relacionado con Los Caballeros Templarios en Michoacán, el ex gobernador cuyo hijo se sentaba con La Tuta a tomar cerveza y hablar de negocios, sería el candidato de Morena a la alcaldía de Morelia. Escándalo. Margarita Zavala dijo: empieza la amnistía de L(i)ópez Obrador. Anaya, lo mismo. Liópez tuvo que sacar las castañas del fuego, para ponerlas en otro comal: “Es la primera vez que sé de eso. Puede ser que lo esté viendo Yeidckol Polevnsky, pero yo no sabía. Los dirigentes son lo que resuelven y no creo que se dé”.

Gil lo leyó en una nota de Rivelino Rueda en su periódico El Financiero: “Sí se tiene que cuidar que no se afecte la imagen de Morena y lo resuelvan los comités estatales, el comité nacional y al final realizar encuestas”. ¿En que quedamos? ¿Lo deciden los dirigentes o las encuestas? Da igual, en Morena los dirigentes hacen las encuestas. Andi, ¿qué dice la encuesta? Lo que usted diga apá.

La verdad de la mentira

Dos tipos de cuidado aparecieron inopinadamente en la prensa. Gil lo leyó en su periódico MILENIO. Somos gente de Liópez y nos pidieron que por 10 mil pesos impidiéramos el acto de Claudia Sheinbaum en Coyoacán. Los dos sujetos afirman que se dedican a reventar mitines políticos, que ellos llevaron a 22 personas y que por cada una de ellas Batres y un operador desconocido les pagarían 3 mil pesos. Mju. Correcto. Ni aunque fuera verdad esto sería cierto. Los granujas mienten, ¿les vamos a creer? Por cierto, ¿no debería inverstigárseles por algún delito? Lectora, lector, este es un ejemplo de lo que llaman guerra sucia. Ah, y esos muros pintados en Caracas (¿era Caracas?) apoyando a Liópez, no se la prolonguen, caracho, y de nuevo, en caso de que fuera cierto esto no sería verdad. ¡Qué dexestre!

Yunes demanda

Una fuente fidedigna le ha contado a Gilga que el gobernador Miguel Ángel Yunes ha demandado a su periódico El Universal por daño moral, pues afirma que nunca ha ostentado un reloj de 5 millones de pesos en su muñeca izquierda, que no se lo quitó durante una conferencia de prensa y que él nada de relojotes. Gil caminó sobre la duela de cedro blanco del amplísimo estudio y caviló llevándose los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz: no hay reloj, dice Yunes, y a los tribunales. Veremos, del verbo ver (ve-ve-ve).

Todo es muy raro, caracho. Como diría Shakespeare: Malgasté mi tiempo, ahora el tiempo me malgasta a mí.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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