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Miércoles , 21.11.2018 / 09:48 Hoy

Uno hasta el fondo

La Suprema

Gil Gamés

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Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil Gamés ha notado que en la casa mexicana hay un tiradero. Hay que escombrar para encontrar alguna cosa. Los enseres perdidos, la aguja y el hilo extraviados, el control de la televisión sepultado entre periódicos. Pero si aquí estaba hace un segundo. La balacera que no cesa, la inseguridad en la Ciudad de México aumenta, la caravana de migrantes traspasó la frontera sur y cruza nuestro territorio, Trump amenaza con militarizar la frontera norte, el ex presidente en funciones renunció a terminar su sexenio y el Presidente electo gobierna a manotazos, la cuarta transformación promete un nuevo régimen. Más que desesperada, la vida pública mexicana es desesperante. Muchas cosas han cambiado de lugar, afirma el telequinético Gamés.

    Vean, si no, la lectora, el lector, el lectere. José Ramón Cossío terminará su periodo de 15 años  como ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Gil asocia a Cossío con la seriedad, el conocimiento y la honestidad. Según se dice en los mentideros judiciales a los cuales Gamés tiene entrada y salida, mju, la terna que podría proponer el presidente Liópez al Senado está formada por mujeres: Paula María García Villegas Sánchez Cordero, Yasmín Esquivel Mossa y Leticia Bonifaz Alfonzo. También ha sonado un eco para Rosa Elena González Tirado. ¿Cómo ven al enteradísimo Gilga?

Ellas son

Paula García Villegas Sánchez Cordero se graduó como licenciada en derecho en la UNAM, luego se hizo maestra en la London School of Economics and Political Science, ni más ni menos. Luego fue jueza y más tarde magistrada del Tercer Tribunal Colegiado en Materia Civil del Primer Circuito. La abogada debe ser un tiro, ni lo duden. ¿Cómo ven a Gil? Él se abraza a sí mismo por su conocimiento judicial. La jurisconsulta es, desde luego, hija de la próxima secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y el notario Eduardo García Villegas. Su hermana Olga está a cargo de la Notaría 95 y su hermano Eduardo encabeza la Notaría 15. Gamés quiere darse un beso en la mejilla, pero le es imposible, solo alcanza a felicitarse calurosamente.

Cerca de la Corte

Gil se compró en la Lagunilla una toga, un birrete y se atavió como un magistrado. Yasmín Esquivel Mossa estudió derecho en la UNAM y alcanzó el doctorado en la universidad Complutense en coordinación con la Universidad Anáhuac. Debutó en las artes jurídicas en 1985 y en Coyoacán como asesora. Luego trabajó en la Procuraduría del DF como coordinadora de asesores del subprocurador. Más tarde, magistrada Unitaria de los Tribunales Agrarios  y luego magistrada de la Sala Superior del Tribunal de lo Contencioso Administrativa del DF. O sea, de que le sabe a las leyes, les sabe a las leyes. Por cierto, ella es esposa del empresario José María Riobóo (huyó y no lo pescaron), gran amigo y contratista del Presidente electo. Gamés está a punto de llegar al paroxismo, después de abrazarse, puso los ojos en blanco.

 El mazo dando

Gil tomó el mallete y dio dos golpes severos para llamar la atención. ¡Orden!, o Gil manda desalojar la sala. Leticia Bonifaz Alfonzo estudió en la UNAM hasta el doctorado. Desde 1982 ha sido catedrática en nuestra máxima casa de estudios. La abogada se entregó con éxito a los laberintos  de la Escuela Judicial del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Bonifaz Alfonzo fue consejera jurídica y de Servicios legales del Gobierno del DF entre los años de 2006 y hasta 2012. ¿Les dicen algo estos años? En estos días, la abogada es directora de la División de Estudios, Promoción y Desarrollo de los Derechos Humanos en la SCJN.

    Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: hay al menos una probabilidad de que una de estas tres mujeres sustituya al magistrado Cossío. Por cierto, durante su sexenio, el presidente Liópez tendrá que proponer otras dos ternas para nombrar a los sustitutos o sustitutas de Margarita Beatriz Luna y José Fernando Franco González. Tres magitrados no son poca cosa en la Suprema.

       Todo es muy raro, caracho, como diría Quevedo: “Menos mal hacen los delincuentes que un mal juez”.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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