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Domingo , 16.12.2018 / 11:10 Hoy

Uno hasta el fondo

La noche de la victoria

Gil Gamés

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Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil se preguntaba cómo sería la noche del 1 de julio de 2018. Gilga supone que las verbenas populares ocurrirán por doquier acompañadas de gritos histéricos, celebraciones, porras, saltos, vivas y no pocos insultos y difamaciones. No está mal, para qué más que la verdad, el festejo de la victoria trae consigo la locura y la ceguera. Gamés supone, ciertamente, que Liópez ganará la elección presidencial. Oh, sí.

¿Cuál será el discurso de la noche del triunfo? ¿Llamará Liópez a la concordia o bien pronunciará una alocución encendida en la cual el candiato de la coalición Juntos Haremos Historia comunicará a la nación amenazas? Si la historia tiene un sentido, Liópez no podrá disimular, la plaza lo hechiza, la palabra en lo alto del estrado lo encanta: ¡no vamos a meter a nadie a la cárcel, no buscamos venganza! No sería raro leer esto: al que se mueva de más y contra el pueblo, irá a parar a la sombra de la cárcel revolucionaria. ¿Ocurrirá eso? Seguramente no, pero las señales no desmienten este escenario histérico. Dirán que Gilga se adelanta, que se ha vuelto loco. Puede ser. Ahora mal: si 10 encuestas serias apuntan en una dirección, entonces Gamés se mudará a Islandia, lugar en el cual las personas pueden ser tan felices que se quitan la vida de formas terribles.

INE

Dejemos atrás la certeza inmune que nos informa del triunfo de Liópez. O bien, pongamos la certidumbre adelante del futuro. Mju. Gil lo leyó en su periódico MILENIO y en una nota de Carolina Rivera. La complejidad del proceso electoral retrasará la difusión de los resultados del PREP. El INE prevé tener 82 por ciento de las actas presidenciales computadas hasta el día después de la joranada electoral. La cantidad de comicios provocará que los resultados fluyan lentamente. Gilga se pregunta: ¿de verdad es un problema mayor que los resultados aparezcan lentamente? En otros países la información aparecería poco a poco. Pues resulta que nuestra democracia debe ser de gran velocidad. Si no tenemos resultados inmediatos, nada sirve, la espera es sinónimo de fraude. En fon.

Queremos una democracia inmediata, y si hay retraso denunciaremos un terrible fraude. Hemos gastado dinerales y reputaciones tremendas, construido una forma compleja para lograr elecciones competidas y limpias, pero si hay retraso, algo está mal. Es que deveras. Dirán la misa de las leyes electorales, pero Gamés sostiene esta opinión: desde hace muchos años, el INE, antes IFE, ha realizado un trabajo inmejorable.

Fin de partida

Amigos que no malquieren a Gil le preguntan si de verdad cree que Liópez ganará la elección. ¿Cómo saberlo? Nadie sabe nada, pero aún así no es probable que 10 encuestas se equivoquen, ¿o sí? Olviden las encuestas, Liópez ganará.

¿Llegamos al final de esta emisión y esta aventura? No. ¿Puede ganar la eleción Anaya? La verdad, no. El canditato del Frente nunca creció, le impidieron crecer, pero él prometía y se desmoronó en el camino. Gilga lo pone así: Anaya fracasó.

Nadie le dijo que no se puede ser candidato a la Presidencia con cara de niño de preparatoria. En fon.

¿Meade puede ganar? No. El multisecretario se ha esforzado, pero no trae nada en la manopla, un hombre perdido, un político inexistente, un funcionario eficaz y un candidato inepto. Cuando Meade grita en la plaza, a Gil le da pena ajena, cuando Meade habla en el gabinete, Gilga oye a un posible presidente. Helas!

La elección se ha decidido, que les aproveche y que sus hordas no hagan demasiados desmanes.

Regresemos al principio, ¿cómo será el grito de la victoria?

Todo es muy raro caracho, como diría Cicerón: La victoria es por naturaleza insolente y arrogante.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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