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Uno hasta el fondo

Jesús el Nazareno

Gil Gamés

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Repantigado en el mullido sillón de su amplísimo estudio, Gil admitió el día de ayer en esta página del directorio que de todos los Cristos representados, se queda con la creación inolvidable del actor mexicano Enrique Rambal. En estos días programarán en la televisión, como todos los años y hasta el fin de los tiempos esa peculiar pasión titulada El mártir del calvario, dirigida en 1952 por Miguel Morayta. Consuelito Frank y Manolo Fábregas actúan para la eternidad (bueno, es un decir) los papeles coestelares de esta película inolvidable en la que Jesús habla como abarrotero de los años 50, un gachupín extraordinario al que no siempre se le entiende lo que dice y por esa razón los mercaderes del templo, más mexicanos que el mole, tardan en desalojar más que los maestros de la CNTE del Monumento a la Revolución. Lo mismo pasa en la cruz, el ceceo de Rambal impide conocer a fondo el sufrimiento de Jesús.

Ese Cristo actuado por Rambal es producto de una mente genial, decía ayer Gilga; la resurrección entre rayos y centellas, uno de los momentos cinematográficos más extraordinarios de la historia del cine mexicano. Hay un momento en el cual Jesús-Rambal se dirige con mirada beatífica a sus enemigos políticos y les dice: en verdad oz digo, con un acento español de ostia y rediez. No se la pierdan, Gil les asegura que alcanzarán la conmoción.

Más Cristos

Si la lectora y el lector tienen mala suerte, solo podrán ver en la televisión El proceso de Cristo, dirigida en 1955 por Julio Bracho, con Enrique Rocha en el piadoso papel de Jesús y acompañado por María Teresa Rivas y Andrea Palma. Ahora mal: si la suerte los abandona en pleno Jueves Santo, los lectores sintonizarán un canal con algunas paráfrasis, variantes modernas de la Pasión, verdaderos castigos divinos, crucifixiones del gusto como Cristo 70 y Auandar Anapu. Quien se acuerde de los milagros de Auandar, no podrá negar que ha cumplido los 60 años.

Por cierto, a Gil no le gusta La pasión de Cristo dirigida por Mel Gibson. Si se trata de ver casi dos horas de tortura, no cuenten con Gilga. El tradicional relato cristiano acerca de la violenta muerte de Jesús después de terribles vejaciones impresiona, pero sobre todo aburre al autor de Uno hasta el fondo. A Gilga le gustaba más el Cristo clásico, un poco hippie, de pelo largo y mirada perdida, como si hubiera fumado hierba; ese Nazareno con las rodillas raspadas, como si se hubiera caído de la motocicleta, le simpatizaba a Gamés porque en casa de su abuelita de él había uno de estos Cristos. El Nazareno de Mel Gibson parece un hombre que cometió la imprudencia de caminar a solas por la colonia Buenos Aires un viernes en la noche.

Olviden los lectores a Cristo en la cruz por un momento y explíquenle ustedes a Gil por qué diablos mientras el mundo entero se va de vacaciones, él está aquí sentado tecleando en su ordenador (la influencia de Rambal es terrible). Gil imagina a Carlos Marín con un daiquiri en la diestra y un horizonte azul espectacular; a Carlos Puig, repantigado en tremendo sillón con un campari para empezar y a Joaquín López Dóriga diciendo cada ocho minutos: “esto es vida”.

La servidumbre del artículo, la esclavitud de la entrega diaria. En estos momentos, las familias van rumbo a la playa; por lo mismo, hay una alta improbabilidad (sí: improbabilidad) de que al menos algún incauto lea estas líneas. Nadie leerá este texto, ni Roberto López ni Alfredo Campos ni Juan Pablo Becerra. Gamés podría proferir los más ofensivos insultos contra diversos personajes de la vida pública y no pasaría nada porque nadie lee nada en estos días de guardar.

El sumo pontífice

Por cierto, a Gamés no le impresiona mucho que el papa argentino use zapatos raspados y viejos, o que lave los pies de los reos. En cambio, a Gamés le impresionaría que Bergoglio dirigiera al mundo unas palabras sobre la gran cantidad de curas pederastas que andan sueltos y con sotana por el mundo.

En fon, no nos pongamos roñosos, en acto de contrición imaginemos un aeropuerto pequeño, mínimo, baratísimo, con una minipista por donde correrán carritos chocones jalados por honestos militantes de Morena. ¡Sí a un aeropuerto muy pequeño!

Todo es muy raro caracho, como diría Robert Burton: Allí donde Dios tiene un templo, el Demonio suele levantar una capilla.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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