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Jueves , 13.12.2018 / 17:46 Hoy

Uno hasta el fondo

Ian McEwan

Gil Gamés

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Gil terminaba la semana convertido en escombro. Caminó sobre la duela de cedro blanco y tropezó con este libro: The believer book of writers talking to writers (Ed. Vendela Vida, Believer Books, 2005); la escritora Zadie Smith entrevista a Ian McEwan, quien le cuenta su experiencia literaria; Gamés arroja un puñado de subrayados a esta página del fondo.

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Fue a principios de los años 80 cuando comencé a pensar que en la ficción la imaginación y la moral están entrelazadas. Que uno de los grandes valores de la ficción era exactamente la capacidad de entrar en la mente de otras personas. Por eso creo que el cine es un medio muy inferior y poco sofisticado.

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La ansiedad ante la muerte o la ansiedad por los días que me quedan me han inclinado a dar sentido a lo humano, más que a distorsionarlo. Creo que existe una maravillosa irresponsabilidad en tus veintes y treintas como escritor, de que puedes hacer cosas terribles porque aunque intelectualmente sabes que tus días terminarán, no lo sientes en la sangre, en las entrañas. Es una irresponsabilidad que uno debe disfrutar y difundir. Conforme maduras sientes la necesidad de ser claro.

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Con la novela logramos inventar esa forma mutable, muy elástica, que puede proporcionarnos momentos de verdadera investigación humana. Milan Kundera dice cosas muy sabias sobre este asunto. Pone mucho énfasis en la novela como un modo de investigación. Es una forma abierta de ver nuestra propia imagen, de una manera en que la ciencia no puede hacerlo, la religión no es creíble, la metafísica es demasiado repelente en su superficie —la novela es nuestra mejor herramienta, por así decirlo.

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El haber puesto mi vida al desnudo en Sábado, hará que la siguiente novela sea más fácil. Me queda todo lo que no está en este cuarto, y eso es mucho. No tengo idea de qué será. También está todo el pasado que nunca he utilizado —mi infancia. Aunque no lo sé. Naturalmente cuando la gente me dice: “Has mejorado” me siento un poco molesto y contesto: “¿Qué tenían de malo las anteriores?” “Qué hacía mal antes?”

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[Al escribir Sábado] pensé: muy bien, en esta novela usaré flagrantemente mi vida de modo que ahorraré mucho tiempo. En realidad no fue así. Fue prácticamente una batalla. Aun cuando estaba usando el diseño interior de mi casa para las escenas, rara vez se me ocurrió mientras caminaba por la casa que ésta fuera la misma casa del libro. De algún modo es el mapa de una casa paralela.

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El sueño que todos los escritores tenemos es escribir ese hermoso párrafo que en realidad está describiendo algo pero al mismo tiempo con otra voz está escribiendo un comentario de su propia creación, sin que tenga que ser una historia sobre un escritor.

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Creo que fue Fay Weldon la que dijo que un hombre nunca podría describir bien a una mujer, lo que me parece ridículo. Llevado a su extensión lógica, los novelistas sólo podrían escribir sobre sí mismos; no podrías escribir sobre un viejo, un joven, una persona que no conoces. Henry James dijo que en el contrato entre escritor y lector, la primera cláusula es el tema. Concuerdo totalmente. Es un gran contrato. No existe un lugar al que no permitas que viaje tu imaginación.

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La ansiedad ante la muerte o la ansiedad por los días que me quedan me han inclinado a dar sentido a lo humano, más que a distorsionarlo. Creo que existe una maravillosa irresponsabilidad en tus veintes y treintas como escritor, de que puedes hacer cosas terribles porque aunque intelectualmente sabes que tus días terminarán, no lo sientes en la sangre, en las entrañas. Es una irresponsabilidad que uno debe disfrutar y difundir. Conforme maduras sientes la necesidad de ser claro.

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Los libros son como un álbum familiar, la conciencia de tu propio pasado. La gente pregunta qué estabas haciendo en tal y tal año, y yo sé exactamente lo que estaba haciendo. Sé que estaba publicando un determinado libro, o que estaba a la mitad de terminar uno. Mis libros son las cucharadas con las que he medido mi existencia.

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Sí: los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras se acerca el médico, ¿o no era médico? con la charola que soporta el Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular por el mantel tan blanco las frases de Max Frisch: La literatura puede ser una buena terapia personal, una especie de psicoanálisis por el que no se paga al analista.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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