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Lunes , 15.10.2018 / 10:59 Hoy

Uno hasta el fondo

Grandes esfuerzos, resultados imperfectos

Gil Gamés

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Repatingado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil vio la inauguración de los Juegos Olímpicos de Brasil. En su no tan corta vida, Gamés ha odiado con método y sistema las inauguraciones de los grandes acontecimientos deportivos. Acaso por eso dormitaba y luego abría el ojo para ver cómo salvaban al planeta los miembros del Comité Olímpico.

Gilga podría escribir que le emocionaron los fuegos de artificio, pero la verdad es que le tienen sin cuidado. No deja de ser al menos posible que el humo enorme que emanan los cartuchos de pólvora de colores haya mandado a la agonía a muchas de las plantas que cargaban los niños ecológicos, pero en fon, no derramemos agua en esa fiesta.

En los primeros días de competencia, Gilga vio cosas terribles: un gimnasta francés se partió una pierna en dos, un nadador español comió ansias y se tiró al agua en falso, razón por la cual fue descalificado; algunas voleibolistas han ganado peso inexplicablemente (adverbio largo, sí). Por cierto, no la menor de las sorpresas tristes ha sido ver al periodista Javier Solórzano hacer chistes a cuadro y darle pie a un cómico cuyo estilo se parece al del impresentable Facundo, todo esto en el Canal 22. Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: el deporte no es aburrido, ¿por qué ponerle cómicos y canciones? En todo caso añádanle un toque cultural y no un toque del Canal de las Estrellas.

Compites y te vas

Gamés no duda que algunos deportistas mexicanos hayan tenido un buen inicio. Un boxeador, dos remeros, o como se diga, y dos tenistas han avanzado; felicidades, ojalá lleguen a la cima, arañen la gloria, mju, se acerquen al cielo.

La verdad sea dicha (muletilla de Morena y Liópez en campaña), a Gilga le tocó la mala suerte de ver solo fracasos: en el tenis de mesa un mexicano y una mexicana, Yadira Silva y Marcos Madrid, fueron despedazados a pelotazos vertiginosos. Lindolfo Delgado tiene un gran nombre, pero de poco le sirvió en la pelea que sostuvo contra el italiano Tommasone, que lo llenó de cuero.

Oigan esto: la yudoca Edna Carrillo fue inmovilizada varias veces por una japonesa diabólica. Durante un tiempo, el yudo fue una disciplina espectacular, ahora se trata de un deporte de jalones: usted zarandea a su contrincante como si quisiera convencerlo de que está equivocado y luego intenta tirarlo al suelo a empujones, una aburrición útil para dormir unos minutos mientras los competidores se revuelcan en el suelo. Luis Lemus pedaleaba con gran esfuerzo como si fuera en una bicicleta inmóvil, el circuito fue tan exigente, 237 kilómetros, que no logró cruzar la meta, adiós a Luis.

El gimnasta Daniel Corral hizo toda clase de desfiguros en el caballo con arzones y las barras paralelas, una vergüenza. Gil imaginó que sus compañeros de disciplina pensaron que seguramente era un marchista que pasaba por ahí. La esgrimista Alejandra Terán no le vio ni el polvo a la japonesa Sato; el esgrima, como el yudo, es un raro deporte que nada tiene que ver con el florete emocionante. Se tiran floretazos que nadie ve, y la prueba de esto es que una máquina tiene que avisarnos cuando alguien logró un punto, un toque.

Lo mejor que hemos tenido ha sido la actuación con pundonor (gran palabra para señalar el esfuerzo de quien pierde) de nuestra tiradora de pistola de aire, diez metros, Alejandra Zavala, que obtuvo el cuarto lugar. Arañó la gloria de una medalla. El tiro con pistola de aire no es como para infartarse de la emoción, pero tiene su chiste: las tiradoras no mueven una ceja, sostienen el artefacto que parece una engrapadora y ¡zas!, sale aquel obús pequeño y metálico. Gil trepidó. ¿No le creen? Allá ustedes.

La arqueras

Gamés guarda esperanzas deportivas. Las guarda bajo siete llaves, pero allá adentro esas esperanzas hablan unas con otras. ¿Qué se dicen? Una esperanza le decía a otra: el equipo de las arqueras mexicanas logrará una primera medalla para México.

Gil vio avanzar con paso firme a Aída Román, Alejandra Valencia y Gabriela Bayardo. Ellas son magníficas, pero unas chinas malévolas las eliminaron por un pelo. Les queda el duelo individual. No lo olviden, la flecha siempre está en reposo, el movimiento es imposible. ¿Cómo ven a Zenón Gamés definir el trabajo filosófico de las arqueras?

Coyuntura

Las Olimpiadas le han impedido a Gilga penetrar en las sombras de la vida pública. Mañana Gamés romperá lanzas (gran deporte olímpico) contra los padres de familia de Nuevo León que pretenden arrancarle hojas al libro de texto cuando éste dedica sus páginas a la educación sexual; luego, Gil pensará (nada de jactancias) en la reacción de Duarte contra "Yunes, el memorioso", ¿y si resultara que Duarte y Yunes se parecen más de lo que ellos creen? Y desde luego, Gilga emitirá un comunicado acerca del banderazo de salida de Liópez rumbo a la elección de 2018. No se pierda mañana esta vibrante columna, no acepte imitaciones. Nos vemos mañana, pero en privado, ¿o cómo era?

La máxima de André Maurois espetó en el ático de las frases célebres: La vida es un juego del que nadie puede retirarse llevándose las ganancias.

Gil s'en va

gil.games@milenio.com

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